TEXTOS Y LEYENDAS

La crisis del agua: un nuevo mito

Los límites de la huerta de mi casa natal fueron una ancha y rumorosa acequia de aguas cristalinas, potables al cien por ciento. Más abajo esas aguas entraban en contacto con cañaverales, arrozales y maizales que se extendían hacia el sur del pueblo. Puede decirse que el agua me proporcionó la primera música que escuché al nacer y luego fue objeto de mis juegos infantiles. Mi infancia y parte de la adolescencia estuvieron marcadas por el agua.

 

Esto lo menciono como antecedente de que no podría dejar de decir una palabra sobre el agua, ahora que el tema de discusión es este líquido ante el cuarto Foro Mundial del Agua que este jueves se inició en la ciudad de México, organizado por nuestro gobierno federal y con la presencia de miles de participantes extranjeros: expertos y especialistas de organismos internacionales, de empresas trasnacionales del agua y de representantes de más de una centena de gobiernos extranjeros.

Este foro, y el clamor en contra que ha suscitado en sectores académicos y de la sociedad civil organizada, son una síntesis de la discusión mundial sobre proyectos distintos de nación. De un lado, los abanderados del proyecto neoliberal, globalizador, que pugnan por entregarlo todo a la iniciativa privada, sobre todo transnacional, como solución a los problemas locales de todos los países del mundo. Entre estos abanderados cuéntese a los organismos financieros internacionales, que son el caballo de Troya inventado por los países desarrollados para empujar sus estrategias de dominación en los países sin desarrollo o en vías de alcanzarlo; cuéntese también de ese lado a los representantes de gobiernos entreguistas de soberanía, como el nuestro, que se han tragado entera, sin ningún gesto de disgusto, la píldora de la globalización, con las secuelas negativas que entraña.

Y por supuesto cuéntese también a muchos ciudadanos realmente preocupados por la grave situación del agua en el mundo, que con ingenuidad podrían estar pensando que a los promotores de ese evento mundial los mueve una genuina preocupación por la escasez del agua en el mundo, y no la perspectiva de alzarse con un negocio multimillonario con el manejo privado del agua y de las necesidades vitales de una población mundial sedienta.

Empero, no se puede ver este evento mundial del agua con sólo los lentes de blanco y negro. Es indudable que tiene muchos ángulos que deben rescatarse como positivos: sea bienvenida la intención de lograr una mayor conciencia sobre la problemática del agua; sea bienvenida la política de hacer efectiva la participación y el diálogo de las partes interesadas en ella: gobiernos, sociedad civil, sectores académicos e industrial, juventud y los medios de comunicación.

Debe ser bienvenido todo lo que sea despertar conciencias para instaurar una efectiva cultura del agua en las nuevas generaciones para que aseguren un mejor nivel de vida; debemos agradecer los intercambios de conocimientos y experiencias que se logran con estos eventos; los estudios y diagnósticos que adquieren una generosa divulgación mundial.

Pero con lo que sí hay que estar alertas es con las segundas intenciones, que siempre van ocultas bajo esa parafernalia inmensa de un foro mundial. Contra esas segundas intenciones va la organización del foro alterno donde la sociedad civil organizada, proveniente de muchos países, ha puesto en alerta al mundo contra el avance de la privatización del agua.

Hoy, como ayer, los mitos se reeditan. Ayer, en los ochenta del siglo XX, los mitos del hambre dominaban el escenario global; hoy son los mitos de la sed: la crisis del agua. En los ochentas del siglo pasado, Frances Moore Lappé y Joseph Collins, investigadores del Institute for Food and Development Policy, de San Francisco, California, dieron a conocer una investigación bajo el título: El hambre en el mundo: diez mitos, que el Copider (Comité Promotor de Investigaciones para el Desarrollo Rural) divulgó en el idioma español.

Recordé esta obra ante lo que se ha publicado respecto del cuarto Foro Mundial del Agua. En esta pequeña obra ­casi un folleto­ los investigadores identifican los mitos que las transnacionales, las instituciones financieras internacionales y los países desarrollados se han encargado de propalar para abrirse brecha en los países subdesarrollados, donde incluso pueden pasar por sus salvadores, si tantito nos comemos la dosis de mentiras. Identificados los mitos, los autores se dedican a hacer ver su falsedad; las aportaciones del Copider en la edición en español consisten en proporcionar elementos de la realidad nacional que hacen ver con claridad el mito, lo cual destacan en textos bajo recuadros.

Los mitos que se propalaban en aquellos años por parte de los organismos financieros internacionales, que luego repitieron los representantes de los gobiernos tercermundistas, con el tiempo rindieron sus frutos bajo políticas agrícolas y hoy, 25 años después, el panorama en nuestro país es justo el que buscaban: un marco legal susceptible de permitir la privatización del campo, el desarrollo de una agricultura de exportación y el abandono de los cultivos básicos ancestrales, la pérdida de soberanía alimentaria, la descampesinización del campo, la migración hacia las ciudades del País, engrosando los cinturones de miseria, y la migración masiva a los Estados Unidos.

Los diagnósticos de entonces sobre la producción de alimentos eran tan falsos como los actuales sobre la crisis del agua. "La causa del hambre es la escasez, tanto de alimentos como de tierra", se decía. Y los investigadores demostraban que, considerando las disponibilidades globales, había alimentos suficientes para todos; y además, daban a conocer que una parte importante de los recursos para producir alimentos se encontraba sin aprovechamiento alguno en muchas partes del mundo.

Así, el mito de hoy sobre la escasez, sobre la supuesta crisis del agua, que es bandera de quienes nos quieren convencer de las bondades de la privatización para alcanzar un manejo eficiente y racional de los recursos hídricos. Quienes se oponen a este diagnóstico nos alertan: "la escasez no es un hecho natural: el agua dulce en el mundo es suficiente para abastecer a una población humana tres veces mayor a la actual.

La verdadera crisis del agua está "en la inequidad en el acceso al líquido vital; son la contaminación del agua, la desviación de los ríos, la deforestación y el cambio climático algunos factores que han hecho del agua limpia un "bien" escaso. (La privatización por debajo del agua. ¡Aguas! Imdec, 2006).

Daniel Márquez Melgoza / La Jornada Michoacan