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Inolvidable tramo carretero Parácuaro - La Estancia

La vieja brecha que comunica a la población de Parácuaro con el poblado La Estancia, era una carretera de terraceria que pasaba por el cerro de Las Vueltas, Orapondiro, Jicalán y Jucutaco hasta llegar a la ciudad de Uruapan, en los años treintas , fue algo impresionante por la cantidad de tierras del lomerío pedregoso que fueron regadas y en donde crecieron huertas pintorescas como la de Tahuejo, es donde vivio Morelos durante 14 años de su vida.
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La brecha seguia el antiguo camino de herradura, nada más había sido acondicionada para que por él corrieran carros, las llamadas “trocas” que establecieron la comunicación rodante en los principios de los nuevos tiempos, en los que creo, no nos ha ido muy bien que digamos.
El largo camino que los viajeros recorriamos en los carros del correo que eran trocas con asientos de madera, era penoso, la salida de Apatzingan a Uruapan consistia en caminar todo el día por la brecha, polvo y entre pozos y pedregales, pero el viaje tenía mucho de romántico, especialmente el tramo citado, en donde la vista se recreaba, se salía de Paracuaro por las calles angostas de partes empedradas para pasar por los potreros de Cabeza de Vaca en donde olía a guayaba, y el gritar de los pericos lastimaba los oidos, la subida a la hacienda de los Bancos, por estrechos callejones, todavía en los principios de los años treintas olia a cachaza de molienda de la caña de azucar, los humos de chacuaco que movia la maquinaria de azucar y de alcohol, se esparcia con rumbo a la gran planicie de los llanos de Antúnez, mientras que abajo por los callejones los bueyes conducían las carretas cargadas de caña, blanca o morada para arrancarle el dulce néctar.
En la hacienda, cientos de trabajadores u obreros técnicos, laboraban en medio de un clima templado, para obtener pagas jugosas que el fin de semana dilapidaban en la Quince Letras, zona roja de Uruapan, en donde se divertían pagando bienes y caricias, para luego regresar a la brega y seguir produciendo para los amos y el pais.
La subida al poblado de La estancia era penosa para los trocas, la cuesta era empinada y pedregosa, la loma era larga y en lo alto se encontraba el caserio perdido entre el monte de ciruelos silvestres cuya cosecha significaba dinero facil para los habitantes de esa zona; más arriba, el rancho Ordeñitas, famoso por la producción de adoberas de gran calidad y de sabor inigualables, lugar en donde tambien se producen grandes cantidades de jitomate y otras verduras; al seguir subiendo se llegaba al cerro de Las Vueltas, historico porque en tiempos de la Revolución, el General Amaro atacó, en este lugar, a la columna Huertista y la despojo de gran cantidad de materiales de guerra. Para salir de este cerro de encrucijadas cerradas se sufría, los choferes solían descansar un rato en el comedor del Tepehuaje, para después entrar a la sierra y llegar a su destino, a la Ciudad mas bella de Michoacán, Uruapan del Progreso.
Por Antioco Prado Reyna, revista El Farol
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