FIESTA Y LITERATURA: LAS FESTIVIDADES REGIONALES
EN LA NOVELA CABELLO DE ELOTE, DE MAURICIO MAGDALENO
Ilia Alvarado Sizzo
Universidad de Castilla-La Mancha
Introducción.
“A ver si pa’ Todos Santos vamos a Guadalajara” dice Casimiro a su ahijada Florentina, la protagonista de la novela Cabello de Elote, del autor zacatecano Mauricio Magdaleno. Dicha frase constituye el punto de partida de la narración y quizá no tendría mayor importancia, sino fuera porque es la primera señal de un elemento de gran significación en la estructura de esta obra literaria: las fiestas. Si a lo largo de la lectura nos detenemos un poco a reflexionar sobre la presencia constante de festejos en la narración, nos damos cuenta que la acción del relato está llevada por la sucesión de las diversas actividades festivas en las que participan los personajes. Esta particular forma de construir la narración nos hace interesarnos por esta obra, que a través del desarrollo de la historia se va convirtiendo en un relato costumbrista.
Si hablamos de costumbres, será necesario dejar que la narración nos haga un recuento sobre éstas, particularmente hablando de fiestas ¿qué festejan los personajes de nuestro objeto de estudio? ¿Cómo lo festejan? ¿Quiénes participan de dichas fiestas? A lo largo de nuestro análisis veremos como las celebraciones que se realizan son de muy distinta índole, van desde el ámbito familiar, como el festejo de un cumpleaños, hasta el ámbito público donde se incluyen festejos tanto laicos como religiosos.
Por otro lado, no podemos ignorar el particular marco histórico en que se desarrolla la acción de Cabello de Elote, en un inicio estamos hablando de unos personajes que viven a la sombra de los hacendados italianos que se hacen cargo de la economía de la región<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->. En un segundo momento, vemos que el sistema latifundista llega a su fin durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, quien expropia sus bienes a los hacendados extranjeros para repartirlos entre los ejidos recién creados. En este punto será necesario hacer un breve recuento de los acontecimientos históricos para ubicar al lector dentro del contexto espacial y temporal que reproduce la novela de Magdaleno.
Finalmente, habrá que definir qué función tienen las fiestas dentro del sistema narrativo, ¿qué tipo de sucesos ocurren en la víspera y durante las celebraciones? Aunado a esto tendremos también que señalar cuáles son las marcas con las que se designa a los espacios festivos y qué connotaciones tienen esas marcas en el sistema narrativo, es decir, ¿qué significados conlleva el elemento festivo para los personajes de Cabello de Elote?
Una observación final: este trabajo se ha planteado sobre la base de que entre la literatura y la vida cotidiana existe un estrecho contacto, ya que la literatura, como todo arte –producto del trabajo del hombre- surge en un contexto social y en un ambiente que la moldean y obligan a reproducir la realidad que le es propia.
La realidad plasmada en la ficción:
Principio y fin del latifundio Cusi en la Tierra Caliente
El inicio de las haciendas de la familia Cusi en la Tierra Caliente
La novela Cabello de elote de Mauricio Magdaleno, se ubica espacial y temporalmente en las haciendas de la región de la Tierra Caliente de Michoacán, las cuales fueron fundadas por Dante Cusi, quien era originario de la región de Lombardía, Italia. En busca de nuevos horizontes en 1884 “… se embarcó en compañía de su esposa e hijos con rumbo a Norteamérica... Su idea entonces era la de dedicarse al comercio del algodón en Nueva Orleáns, puerto en el que desembarcó originalmente” (Cusi, 2004: 20). Por situaciones adversas se vio obligado a abandonar la empresa, y buscando nuevos horizontes se dirigió a México donde “… recibió una invitación para unirse a un grupo de paisanos suyos que rentaba una hacienda cerca de Apatzingán, Michoacán” (Cusi, 2004: 23). Esto sucedía en el año de 1885 y la hacienda referida era La Huerta, la cual se localizaba en los alrededores de Apatzingán; este fue el primer lugar donde Dante Cusi se estableció en tierras michoacanas.
Hacia 1886 don Dante en sociedad con otro italiano, Luis Brioschi,
“…buscó tierras donde establecerse por su cuenta. Tuvo la suerte de conocer el rancho de Úspero, ahí cercano, perteneciente al general Manuel Treviño de Uruapan…Este rancho, de unas cuatro mil hectáreas de terrenos planos, con muy buenas tierras propias para el cultivo del añil y el arroz, contaba con muy abundante agua…” (Cusi, 2004: 23)
Es así como Dante Cusi, que ya desde su país natal era agricultor por tradición familiar, comenzó a ocupar extensiones de tierra en la región del valle de Tierra Caliente, y a experimentar con diferentes cultivos que él consideraba apropiados para las características climáticas de la zona, como el arroz y el añil (Cusi, 2004: 23).
Al cabo de dos años y una vez que hubo adquirido el capital suficiente “Cusi se separó de su socio Luis Brioschi y adquirió el rancho de Matanguarán…” (Cortés Zavala, 1983: 141), dicho lugar se encontraba a unos diez kilómetros de la ciudad de Uruapan.
Por esas fechas Ezio Cusi, asociado entonces a sus dos hijos mayores, piensa en fincar una nueva hacienda. La propiedad de la Hacienda de la Zanja, posteriormente llamada Lombardía, se encontraba a unos veinte kilómetros al sur del rancho de Matanguarán, el vasto territorio es descrito como “…un hermoso y extenso llano llamado de Tamácuaro, perteneciente a la hacienda de la Zanja, situada al Sur de Uruapan, en la zona caliente” (Cusi, 2004: 58- 59). Atraídos por lo extenso del terreno y las condiciones climatológicas de la zona, los Cusi se interesaron en la compra de dicha hacienda. Una vez que éstos contactaron a los dueños y fijaron las condiciones de la compra venta, la hacienda fue bautizada con el nombre de Lombardía, en recuerdo de la patria de Dante Cusi, según lo relata Ezio Cusi en su libro Memorias de un colono. (Cusi, 2004: 59)
Es así como fueron adquiridas en el año de 1903 las veintiocho mil hectáreas de terreno que conformaban la totalidad de la Hacienda de Lombardía, lugar donde los Cusi comenzaron a trabajar en las obras necesarias para llevar agua de riego a las grandes extensiones de terreno donde se establecieron los cultivos de arroz<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->. Cabe mencionar que la zona estaba casi deshabitada y los terrenos no habían sido explotados para el cultivo.
La habilitación de las tierras para el cultivo y la abundante producción obtenida de éstas, les permitió a los colonos reunir el capital económico para adquirir nuevos terrenos, los cuales sería fácil habilitar gracias a la experiencia previa adquirida en la hacienda de Lombardía. Esto incentivó que a Dante Cusi le naciera la idea de
… poner también bajo riego las extensas y ricas llanuras que había al poniente de Lombardía, mucho más grandes que ésta en extensión y conocidas con el nombre de Llanos de Antúnez, parte integrante de la Hacienda del Ojo de Agua. (Cusi, 2004: 110)
Los terrenos anteriormente descritos, pertenecían, antes de su adquisición por la sociedad formada para ese fin por Dante Cusi e Hijos, a la familia Velasco, que para ese entonces residía en La Piedad, Michoacán. Esta familia, aunque no explotaba la propiedad y sólo la utilizaba para la crianza de unas mil doscientas cabezas de ganado, sí permitía que las alrededor de veinte familias que habitaban en la propiedad sembraran maíz de temporal. La compra de los terrenos se llevó a cabo según el precio acordado: trescientos mil pesos, los cuales fueron cubiertos por los miembros de la sociedad en partes iguales cada uno. Era el año de 1909. La nueva Hacienda del Ojo de Agua fue bautizada con el nombre de Nueva Italia, y así ha seguido llamándose hasta la fecha (Cusi, 2004: 114) Es así como nace el gran latifundio de la Tierra Caliente y los colonos italianos logran apropiarse de las enormes llanuras que nadie antes había cultivado.
La realidad histórica en la ficción
Los hechos narrados en Cabello de elote toman lugar durante la época en que las haciendas trabajan en todo su apogeo. Aunque el tema central de la novela no es la historia de estos latifundios, para efectos de este trabajo nos hemos dado a la tarea de buscar las referencias históricas que aparecen en el contexto de la narración, para ampliarlas o, en su caso, proporcionar la información de cómo sucedieron los hechos históricos, con esto se pretende demostrar la relación que existe entre las estructuras del texto y las estructuras sociales.
A lo largo de los primeros seis capítulos de la novela, el narrador nos va proporcionando pequeños fragmentos de la historia de la hacienda, los cuales siempre van ligados a la historia de Florentina, la protagonista de la novela, quien a pesar de no tener el mínimo interés por los asuntos de la hacienda no puede evitar el verse continuamente envuelta en temas relacionados con la misma: “Las dos únicas veces que fue a bailes con amistades de Casimiro que olían a boñiga y no hablaban de otra cosa que las cosechas de arroz de Nueva Italia y de las enfermedades del ganado…” (Magdaleno, 1986: 6). Cosechas de arroz y ganado eran, sin duda, el tema principal de todas las conversaciones de la región en aquel entonces ya que las principales actividades de la hacienda eran el cultivo, mayormente de arroz, y la cría de ganado.
Para hacer una ubicación más exacta de los acontecimientos que se describen en Cabello de elote podemos señalar algunos hechos históricos que son mencionados de manera circunstancial en la novela, por ejemplo el momento en que el narrador cuenta que Casimiro “En plena Revolución –andaba con la División del Norte por el rumbo de Sombrerete…y hubiera podido llegar a general…” (Magdaleno, 1986: 9). Lo anterior ubica los acontecimientos narrados en la novela en el período posterior a la Revolución. Casimiro, el padrino de Florentina, fue un combatiente de la Revolución, pero para el momento del relato, sus tiempos de soldado forman parte de sus recuerdos, lo cual nos indica que la Revolución ha llegado a su fin.
En esos momentos comienzan a gestarse en el país una serie de cambios sociales, en particular la expropiación de los grandes latifundios para repartir las tierras entre los trabajadores. Esto sucedía durante el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas (1934- 1940), quien impulsó y llevó a efecto la política del agrarismo.
La historia que se narra en Cabello de elote comienza en el momento justo en que está a punto de llevarse a cabo la expropiación de las haciendas de Lombardía y Nueva Italia; entre los personajes comienza a difundirse esta información en forma de rumor, y el primero en hacérselos saber a los principales personajes del relato es un jornalero:
¡Sacaba toda mi plata de las haciendas de los italianos y me la gastaba en música y charanda! ¡Yo sé lo que le digo, don Casimiro! ¡Los del gobierno van a expropiar Lombardía y Nueva Italia! …Ya viene el general Cárdenas a quitarles sus tierras a los italianos (Magdaleno, 1986: 14).
La economía de la región estaba a punto de sufrir un dramático cambio, de estar basada en un modelo feudal, aunque industrializado, como era el sistema hacendario, ahora los medios de trabajo pasarían a manos de aquellos que aportaban la fuerza de trabajo. Los peones se convertirían en dueños de la tierra, en ejidatarios, como lo confirma don Regino, amigo de Casimiro, y que además tenía intereses económicos en las haciendas. Entre los habitantes de las haciendas comienza a correr rumores de “que Lombardía y Nueva Italia iban a ser entregadas a miles de ejidatarios y don Alejandro y Ezio Cusi habían salido volados a México a defender lo suyo en la Suprema Corte” (Magdaleno, 1986: 14).
En voz de los personajes se manifiesta una gran inconformidad por la expropiación de las hacienda, ya que no consideran que ésta, en particular, sea un sistema de explotación, sino el fruto del arduo trabajo tanto del patrón como de los trabajadores.
Los personajes que tienen sus intereses económicos en la hacienda como don Casimiro, don Regino y el licenciado Lastra<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]-->, sienten que la estabilidad de sus vidas es amenazada por la expropiación, ven la inminente pérdida de la hacienda como suya y no solamente del patrón: “¡Que les quiten a los ladrones lo que se han robado, pero no a nosotros, que nos hemos fregado para convertir el desierto en barbecho!” (Magdaleno, 1986: 15). En esta expresión de Casimiro queda claro que también él se sabe parte del desarrollo de esa empresa agrícola.
Los personajes no sólo lamentan que las propiedades de los hacendados pasen a manos de los ejidatarios sino que, además, su sentir es que sin los patrones, se mutila cualquier posibilidad de desarrollo en la región. El licenciado Lastra, quien tiene una forma de pensar sumamente conservadora y aristócrata, y por tanto no confía en las nuevas políticas de corte socialista, es quien expresa la opinión más pesimista: “Dios no lo quiera, pero si acaban con lo de los italianos, ¡Se acabó la Tierra Caliente!” (Magdaleno, 1986: 15). Seguramente, el licenciado Lastra basa su opinión en el gran desarrollo que se generó en la región durante la época de la hacienda, llegando a convertirse en una de las zonas más productivas del país.
La gran producción obtenida no era el único factor para que algunos personajes pudieran considerar injusta la expropiación, también se tomaba en cuenta que los inmensos Llanos de Antúnez habían estado deshabitados e improductivos8 hasta antes de que Dante Cusi e hijos los adquirieran y comenzaran a explotarlos, es decir, para establecer el latifundio no se despojó a nadie de sus tierras y esto estaba muy presente en el sentir popular: “Pero estas tierras del Río del Marqués no fueron robadas a nadie. Cuando llegó don Dante no eran más que un páramo de huizaches y palos bravos en el que jamás se veía una pisada” (Magdaleno, 1986: 16). A pesar de ser una inmensa cantidad de terreno, esta zona había estado siempre abandonada debido al intenso calor que predomina todo el año, lo alejada que se encontraba de otras poblaciones importantes, lo accidentado del terreno, lo cual complicaba el acarreo de mercancías, y quizá el factor que más influyó sobre este abandono fue la falta de ríos con qué alimentar las cosechas, además en la temporada de lluvias todo el valle se convertía en un inmenso pantano (Cusi, 2004: 110-112 y Barret, 1975: 30-35).
Finalmente, el 29 de julio de 1938 por orden presidencial, se dio la resolución de la expropiación en concepto de dotación para la creación de un ejido colectivo. La dicha dotación comprendía 64000 hectáreas, lo que significaba la superficie total de Lombardía y Nueva Italia incluyendo sus aguas. No fue sino hasta cuatro meses más tarde, cuando se realizó la entrega oficial de la tierra, ante la presencia del Presidente de la República, Lázaro Cárdenas y del gobernador de Michoacán, Gildardo Magaña<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]-->. La crónica de lo que sucedió ese 17 de noviembre la encontramos en la novela de Magdaleno, en su momento nos encargaremos de describir tanto el acto político, como el festejo civil de este evento.
Una vez realizado este apretado recorrido histórico, y estando ya ubicados un poco más en el contexto de la novela sobre la que trabajamos, podemos ahora sí, abocarnos de lleno al tema de las festividades que se nos describen a lo largo de la narración de Cabello de Elote.
El ocio, las festividades y las relaciones sociales dentro del espacio narrativo
Los espacios para el trato social y el ocio
El lugar donde se lleva a cabo la acción de la novela es el pueblo de Parácuaro. En este caso se trata de una población pequeña en la que no se contaba con infraestructura apropiada para el ocio, es decir, no había teatro, ni ópera, ni cine, por lo que las actividades de ocio se llevan a cabo en locales improvisados para ello. De hecho desde el punto de vista de los personajes, sobretodo aquellos que han estado en otras ciudades,
Parácuaro es un lugar más bien aburrido “Luz María Maqueda… era de Guadalajara y le contaba prodigios de la distante ciudad en la cual la vida era realmente vida y había diversiones a todas horas del día…” (Magdaleno, 1986: 5) Claramente, la escasez de lugares para el ocio en Parácuaro, que a fin de cuentas no es más que un pueblecito de provincia, se hace más evidente al ser comparado con una de las tres ciudades más grandes del país.
El espacio tradicional para el esparcimiento era la casa, ya fuera el comedor, un salón, el patio e incluso las huertas. Este espacio quedaba reservado para la diversión familiar, íntima, a la que asistían convidados del mismo status que el dueño de la casa, lo dice claramente la narración: Casimiro sólo recibe al indio Conrado Vidal a las puertas de su casa, nunca le hace pasar, y por el contrario, cuando visita al indio en su jacal es el mismo Casimiro quien se niega a pasar, de esta forma el acceso a las viviendas señala también la partencia o no a un grupo social. De la misma manera, Florentina considera privilegiadas las contadas ocasiones en que puede entrar a las casa de las aristócratas familias Lastra y Mercado, su aceptación en dichos hogares es indicativo de su éxito social, de su aceptación entre la clase alta de Parácuaro. Más adelante ahondaremos sobre el tema de las fiestas privadas y su significación social.
Por otro lado en los espacios públicos como calles, parques o plazas se desarrollaba otro aspecto lúdico: el paseo, el consumo de golosinas o las serenatas. De igual forma el encuentro en estos lugares es aprovechado por los personajes, sobretodo los femeninos, para comentar los escándalos o acontecimientos relevantes ocurridos en el pueblo. Prácticamente, no hay nada que suceda dentro de la narración que no sea comentado por los personajes durante sus encuentros en estos lugares públicos. Ocasionalmente, con motivo de algún festejo político, estos espacios se convertían en escenario de una verbena popular o un baile público, eventos a los que podía acudir cualquier ciudadano.
Los espacios de reunión masculinos
Hay una serie de locales donde se reúnen los hombres del pueblo a beber una, o varias copas, y comentar los sucesos de actualidad. Estos hechos no se limitan a los cotilleos pueblerinos, sino que abarcan también noticias nacionales e internacionales. Es en los mesones, billares y en la Flor de Parácuaro<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]--> los lugares dónde se comentan toda serie de acontecimientos, la mayoría de las veces distorsionadas por el imaginario colectivo:
-Dicen los periódicos de México que nos van a llevar a todos los mexicanos a pelear contra los japoneses…-Dijeron por la radio que necesitan braceros pa los Estados Unidos y que pagan muchos dólares…Que la guerra y que ahora sí, México no podía permanecer al margen; que los camiones que surcaban en todas direcciones la Tierra Caliente…que el tren de Uruapan que hacía cuatro horas y media a Apatzingán…Y los amigos que se iban y a los que había que acompañar al cementerio… (Magdaleno, 1986: 94-95)
Si hablamos de los lugares de juerga, no podemos olvidarnos del prostíbulo, que en este caso es más bien una calle en particular, al que en repetidas ocasiones se le menciona como el sitio al que acudían los hombres después de una parranda. Una noche –había llegado a Parácuaro con otros indios de las cercanías- se puso una borrachera de órdago y se gastó nueve pesos en llevarle serenata a las muchachas de la vida alegre de la calle de Matamoros… (Magdaleno, 1986: 13) Hay que señalar que a la citada calle de Matamoros concurren hombre de todas las clases sociales. La cita anterior se refiere a Sotero, el indio medio hermano de Florentina, pero lo mismo sucede con el Mayor Rodríguez, “Anoche, después de lo que pasó, se acabó media botella de coñac en el cuartel y se fue a dormir la mona en una casa de esas de la calle de Matamoros… (Ibíd: 149). Recordemos que ambos personajes son representantes de los extremos sociales, ya que los indios son colocados en la narración como trabajadores del campo, y los militares son la autoridad. En general, el espacio de la calle de Matamoros como el lugar obligado para terminar bien una fiesta, lo dice la narración, en momentos difíciles, los hombres suelen pensar en “…las muchachas de la calle de Matamoros, que después de una buena parranda…!” (Ibíd: 123).
Las fiestas
Quizá sea debido a la escasa oferta de ocio que hay en el pueblo, pero el caso es que los personajes de Cabello de Elote están siempre, o en vísperas, o en medio de una fiesta. Debe ser una estrategia para combatir la monotonía de la vida pueblerina, siempre que hay una fiesta están todos ocupados con los preparativos y comentando las nuevas sobre la organización del evento; después de la fiesta están todos ocupados comentando lo ocurrido durante la fiesta. Así que como estrategia contra el aburrimiento, la fiesta funciona muy bien para estos personajes.
Las fiestas que se desarrollan en el relato son muy variadas, y cada una es única, tanto en el motivo que festeja como en la forma en que se desarrolla. No obstante su particularidad, todas comparten un rasgo: el entusiasmo de los organizadores y de los participantes.
El total de las fiestas que se describen en la narración, podemos dividirlo en dos grandes grupos a fin de facilitar su análisis. En primer lugar tenemos las fiestas públicas, que son las que organizan autoridades y en las que no hay restricción para sus asistentes, dentro de este grupo tenemos a su vez las fiestas religiosas y las laicas, estas últimas mucho más numerosas que las fiestas católicas. Un segundo grupo de fiestas corresponde a las fiestas privadas, que son organizadas por alguno de los personajes y en las que se festeja desde un cumpleaños o un onomástico hasta un bautizo o una boda. En el caso de las fiestas privadas, sólo pueden asistir aquellos invitados que sean del mismo grupo social que el organizador del evento.
Fiestas Públicas
Las fiestas públicas laicas y religiosas se celebran de manera muy semejante: ambas son organizadas por el gobierno o la Iglesia local a través de comités ciudadanos creados para ese fin. Por lo general estos comités se integran por los miembros más distinguidos de la comunidad, sobretodo por las damas de alta sociedad, quienes se encargan de conseguir el dinero y arreglar todos los detalles de la celebración.
Sobre las fiestas acostumbradas y la forma de realizarlas en la misma época y contexto que reproduce el texto de Cabello de Elote, encontramos algunos ya alguna información en las memorias de Ezio Cusi. Vemos, que la descripción que hace Magdaleno sobre la dinámica de las fiestas, coincide son lo que cuenta Cusi:
… con motivo de su onomástico o del de alguno de nosotros, o al dar principio o fin a la zafra de la caña de azúcar, se organizaban fiesteritas muy alegres, jaripeos, bailes, fuegos artificiales, repartición de víveres a los trabajadores y otras cosas.
Hacíamos bonitos fuegos artificiales con luces de bengala, castillos, cohetes y toros de petate que duraban hasta muy altas horas de la noche… (Cusi, 2004: 52)
Las fiestas por la cosecha
Una excepción a la forma de organización mencionada, son las fiestas de recogida de la cosecha, las cuáles se llevan a cabo de forma un tanto improvisada y en ellas todos los involucrados aportan algo para llevar a cabo el festejo. Durante el período de las haciendas, eran los dueños de éstas los encargados de costear la fiesta, tal como lo vimos en el fragmento de las memorias de Cusi.
Dos son las fiestas por las cosechas que describe Magdaleno. Ambas se desarrollan en circunstancias muy distintas, ya que en la primera la cosecha no ha sido precisamente abundante, lo cual no impide que se lleve a cabo la tradicional celebración: “Fue un año de plagas y entre Lombardía y Nueva Italia no levantaron ni la mitad de lo de otros años. Sin embargo, no podía faltar la fiesta de rigor y con anticipación se construyeron los grandes castillos y las cucañas y se improvisó la plaza de gallos” (Ibíd: 31).
La segunda fiesta se realiza en un año de cosechas abundantes, por lo tanto la celebración es mucho más ostentosa:
Fue un mes de cosechas como nunca se habían visto en el Valle del Marqués. Sobraba el trabajo y don Ezio tuvo que traer gente de fuera. Los arrieros y los camioneros no se daban abasto para sacar tanta carga. Se cantó una misa en Lombardía y empezó la fiesta. Las mujeres estrenaron trajes de Uruapan y los hombres se gastaron hasta el último centavo en los albures, los gallos y las borracheras (Ibíd: 44-45).
Según nos deja ver la narración, la cosecha no es más que una mera excusa para la fiesta, ya que independientemente de que sea un año bueno o uno malo, la fiesta se celebra igualmente. Sobre el desarrollo del festejo podemos ver que la celebración inicia con una misa de agradecimiento y de ahí se pasa al festejo profano en el que son elementos indispensables los espectáculos de fuegos artificiales y los peleas de gallos. La ostentosidad y el derroche son aspectos que van siempre ligados a la fiesta, ya que las fiestas en general tenían un propósito exhibicionista porque los individuos se colocaban como un escaparate, para ser vistos a la vez que veían a los de su círculo. Por otra parte, para los bragados de la época, no puede hablarse de una buena fiesta sin una buena borrachera.
La noche del Grito
Sin duda, la fecha cívica festejada con más entusiasmo por los mexicanos es la correspondiente a la noche del 15 de septiembre, aniversario del grito de Dolores, con el que el cura Hidalgo iniciara en 1810 la lucha por la independencia de México. Originalmente la fecha para el festejo era el 16 de septiembre, ya que el evento había acontecido en la madrugada de ese día, sin embargo durante el gobierno de Porfirio Díaz, la celebración del Grito fue cambiado para que coincidiera con el cumpleaños del presidente, el 15 de septiembre. En la actualidad, el Grito se festeja a la medianoche del 15 de septiembre y se continúan los festejos al día siguiente, fecha oficial del aniversario de la Independencia. Por las pistas históricas que nos da la escritura de Cabello de Elote, sabemos que los personajes viven en un momento posterior a la dictadura de Díaz, que culminó en 1910. Por lo tanto el festejo del Grito que se nos describe, se realiza durante la noche del 15 de septiembre, y sus festejos son percibidos por Casimiro de la siguiente manera:
En la puerta de la cantina, Felipe bebía con una chorcha<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]--> de amigos… Aceptó la copa que le tendía Galeri y brindó.
-¿En que tanto piensas, vale? Vámonos a Parácuaro, al Grito.
Se le había olvidado, hasta que esta noche era la del quince de septiembre, noche de patria y de bullanga. Volvió ancas a la montura y ganaron el camino de colorines y palmeras de Parácuaro. Parecía una calle real de tanto gente como se adivinaba en la sombra. En la garita los recibió un fandango de bailarines que entrechocaban los machetes en medio de un estruendo de cohetes, música y alaridos. En la plaza crecía la multitud y ardían tres castillos. La presidencia municipal estaba adornada de banderas y palmas y chisporroteaba de luces. En el portal, sobre una mesa rodeada de sillas de bejuco y alumbrado por una guía de foquitos, el retrato del Padre Hidalgo brillaba como una imagen religiosa. Los principales del pueblo y una legión de fuereños, todos vestidos de saco, entraban en medio de una guardia de estatuaria inmovilidad. Doña Cuca Mercado y su familia crujían de tanto almidón y el sombrero de bola del Licenciado Lastra…Docenas de militares se abrieron paso, luego formando alrededor de un capitán que llevaba la bandera. Todas las cabezas se descubrieron… (Ibíd: 34-35)
La forma de llevar a cabo el festejo entonces, no dista mucho de la manera en que se festeja el Grito actualmente en cualquier pueblo de la Tierra Caliente. Básicamente, el meollo de la celebración consiste en una emulación por parte de la autoridad del grito que diera el cura Hidalgo desde la iglesia de Dolores la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cual se supone que fue el cierre de su discurso llamando a la insurrección, y decía: “¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Abajo el mal gobierno!, ¡viva Fernando VII!”. Hoy en día este texto ha variado un poco, y sigue variando según el criterio de cada orador que lo pronuncie, pero hay una parte invariable, aquella que dice: “¡Vivan los héroes que nos dieron patria! y los tres ¡Viva México!” con que se cierra el grito. Año con año, este grito lo repite el Presidente Municipal en cada municipio, el Gobernador en la capital de cada estado y el Presidente de la República en la Ciudad de México. Cada uno lo hace desde el balcón de su respectivo edificio oficial, la Presidencia Municipal, el Palacio de Gobierno o Palacio Nacional. Fuera, frente al correspondiente balcón, se va congregando la ciudadanía, quienes una vez llegado el momento contestan los gritos de los mandatarios con sus respectivos ¡Viva! De hecho la aglomeración en estos casos es tal, que muchos prefieren guardarse el espíritu patriótico para la transmisión televisiva de dicho evento.
Volviendo a las celebraciones de esta fecha en los pueblos de Tierra Caliente, podemos tomar los elementos festivos que se describen la narración y ver que siguen vigentes en las celebraciones contemporáneas. La presidencia Municipal, alrededor de la cual gira el festejo, es adornada con luces alusivas a los colores de la bandera mexicana: verde, blanco y rojo. Retratos de los héroes más significativos de la Guerra de Independencia son colocados alrededor del edificio, o en la plaza de armas, la cual es también adornada por corredizos tricolores, escudos nacionales y banderas. En su mayoría, los asistentes llevan una réplica de la bandera nacional, en distintos tamaños, según el grado de exhibicionismo de quién que la lleve. El motivo tricolor se repite también en distintas prendas de los participantes: gorras, camisetas, sombreros, bufandas, o camisetas de la Selección Nacional de Fútbol. El maquillaje del rostro con los colores nacionales, es otra tendencia para expresar el sentimiento patrio, sobretodo entre los más jóvenes.
Otro de los momentos cumbre de la noche, es la coronación de la reina de las fiestas patrias del pueblo, costumbre que está muy arraigada en los pueblos terracalentanos. La coronación es todo un festejo dentro del festejo, ya que el proceso de elección inicia con bastante antelación a la fecha de la coronación. Brevemente podemos resumir este proceso: 1) propuesta de las tres candidatas, jóvenes guapas y necesariamente respaldadas por alguna asociación económicamente fuerte, 2) campaña, durante la cual las candidatas se dedican a conseguir fondos para su causa, 3) baile de cómputo, en el que se contabilizan los fondos de cada candidata y mediante un sencillo proceso se proclama a la reina: la que tenga más dinero, es la ganadora; las otras dos se conforman con el título de princesas. Finalmente la noche del 15 de septiembre se lleva a cabo la coronación, para lo cual se instala un estrado dentro de la plaza de armas, se colocan los tres tronos, al centro el de mayor tamaño y ostentosidad, que obviamente corresponde a la soberana, cuyo nombre, sucedido por un 1ª (Vg. Lupita 1ª ) se coloca en una manta que sirve como fondo del estrado, las sillas de las princesas son colocadas a ambos lados del trono de la reina. Posteriormente, el Presidente Municipal, acompañado del presidente del comité organizador de las fiestas patrias, colocan la corona a la reina y sus princesas, las cuales van ataviadas con sus mejores galas. A partir de aquí, continúa el festejo patrio.
No puede haber una buena fiesta, si no hay comida abundante, y ya que el grueso de la población se concentra esa noche en la plaza de armas, la Iglesia local organiza cada año una kermés<!--[if !supportFootnotes]-->[7]<!--[endif]-->, aprovechando la ocasión para obtener fondos.
Una vez llegado el momento de dar el Grito, se congregan en el balcón de la Presidencia Municipal, el alcalde acompañado de su familia y su gabinete de gobierno, el comité de las fiestas patrias, y por supuesto, la reina y sus princesas. Desde ahí, ondeando una bandera, el alcalde emite los tan esperados gritos, que son enérgicamente respondidos por todos los ahí reunidos para ese fin.
Inmediatamente después del Grito, comienza la quema de los diversos castillos, la explosión de fuegos artificiales (verde, blanco y rojo), y comienza el baile popular, amenizado por alguna agrupación musical local.
Alrededor de estos festejos, se llevan a cabo también jaripeos<!--[if !supportFootnotes]-->[8]<!--[endif]--> y bailes con bandas famosas, forzosamente estas bandas han de tocar alguno de los géneros populares: grupera, banda sinaloense o duranguense. Las peleas de gallos, que tanto repite la narración, se encuentran parcialmente prohibidas y sólo se pueden llevar a cabo en los palenques, que no pueden faltar durante los festejos patrios.
Al día siguiente, se lleva a cabo el desfile del 16 de septiembre, en el que participan los alumnos de las escuelas y otras instituciones de la localidad y al que asisten como espectadores casi todos los habitantes del pueblo. No obstante hemos visto que el mayor desborde se presenta durante la noche del 15 de septiembre, y el cual es además bien reproducido en la ficción por Magdaleno.
Los desfiles
Aunque la instancia narrativa no menciona la realización del desfile del 16 de septiembre, si describe otro desfile, también con motivos patrios, que reproduce la esencia de estos eventos en los pueblos de la Tierra Caliente. Este se lleva a cabo algunos años después de la expropiación de las haciendas, y es organizado por el mayor Rodríguez, que según deja ver la narración, es la autoridad en el pueblo.
-El mayor Rodríguez nos invita al desfile, tenemos que ir.
Lo anunció Florentina arreglándose para salir… El desfile de marras, invención personal de Rodríguez para festejar el Día de la Bandera- duró media hora escasa y consistió en un nada marcial paseo, de la estación de ferrocarril a la plaza de armas, de los niños de las dos escuelas oficiales, una docena de deportistas, los soldados del destacamento y cien agraristas del municipio: exactamente el grueso de lo que el militar llamaba “las fuerzas vivas de Parácuaro”. Después de las evoluciones realizadas por las fuerzas vivas y de que la bandera fuera izada a mitad de la plaza de armas, los invitados…fueron agasajados con un banquete (Ibíd: 97-98).
Tal como lo dice el texto, tal desfile debía ser una invención, ya que en dicha fecha no se lleva a cabo ninguno. No se equivoca, sin embargo en el modo de ejecución de tal acto, en el que efectivamente participan como hemos dicho antes, los alumnos de las escuelas locales, y las diversas instituciones municipales, entre ellas los miembros del Ejido Municipal.
Al día de hoy, los únicos desfiles que se llevan a cabo de forma oficial en todo el país, son los correspondientes al 16 de septiembre, al 20 de noviembre, aniversario de la Revolución Mexicana, y en la zona de Tierra cada localidad organiza un desfile en la fecha en que corresponde al aniversario de la expropiación de las haciendas. Así en Nueva Italia esta fecha es el 17 de noviembre, en Parácuaro el 18, y en Lombardía el 19. Dicha fecha es la más relevante en cuanto a fiestas cívicas para cada localidad. Además del desfile, se organiza también un “banquete” (mejor decir, un almuerzo multitudinario) para alrededor de mil personas, al que asisten todos aquellos que tengan algo que ver con el Ejido, más unos cuantos gorrones. Olvidamos mencionar que en el desfile se presenta también a la señorita elegida como “La flor más bella del Ejido”. Los festejos continúan en la tarde con un jaripeo, que antecede al broche de oro que cierra los festejos: el baile masivo, con las mismas características que el realizado en la noche del Grito.
Los bailes públicos
En este punto, la narración logra dejarnos muy claro que a los bailes públicos no asistían las familias ricas de Parácuaro, éstas organizaban sus bailes exclusivos, para no mezclarse con el populacho. Cada festejo debía culminar con su respectivo baile al que asistían sobretodo los peones del campo. Por eso Florentina procura no asistir a dichos eventos, ella está buscando mejorar su nivel de vida casarse con un rico, y seguro en una baile no lo va a encontrar. “Las dos únicas veces que fue a bailes con amistades de Casimiro que olían a boñiga y no hablaban de otra cosa que de las cosechas de arroz de Nueva Italia y Lombardía y de las enfermedades del ganado…” (Ibíd: 6) Por lo que deja ver la narración, se trata de peones de la hacienda, ya que huelen a estiércol y sus pláticas se centran en temas concernientes al campo.
Sobre este tipo de festejos, en Cabello de Elote, nos enteramos que se llevan a cabo después de algún evento de tipo cívico, nunca religioso. Se celebra rigurosamente un baile público, durante la feria de Apatzingán, en la noche del Grito, en las fiestas de la cosecha y, aunque esto es un evento aislado, después del acto de expropiación. Estos son los casos en los que la narración específica el motivo de celebración del baile, pero también hay otros cuantos que se presentan en la historia, sin que la instancia narrativa explique en razón de qué se llevan a cabo éstos.
En el contexto de lo público, cuando un baile se realiza para festejar un hecho político, como sucede en los festejos alrededor por la expropiación de las haciendas, el festejo se ideologiza, porque los asistentes quedan impregnados del efecto difusor de la idea o motivo que justifica que justifica la celebración. Quien asistía a un baile dado en honor de un gobernante, u otro personaje político, era partidario suyo. Por ello, todos los concurrentes, al mismo tiempo que danzaban al son de las piezas, estaban recibiendo un baño de doctrina y quedaban etiquetados políticamente. Así, Casimiro, don Regino y el licenciado Lastra se niega rotundamente a asistir al baile ofrecido en honor del Presidente Cárdenas, ya que no estaban de acuerdo con sus políticas, y de hecho se veían afectados directamente con la desaparición de las haciendas; el mayor Rodríguez, en cambio, incluso se ofrece a llevar a los habitantes de Parácuaro hasta el lugar del festejo en uno de los camiones del ejército. Así a través de la asistencia o no a este baile, los personajes señalan si están de parte de los hacendados o si apoyan las ideas socialistas del gobierno.
La Feria de Apatzingán
La feria más importante de la región de Tierra Caliente es la que se lleva a cabo en Apatzingán cada octubre para conmemorar el aniversario de la promulgación de la Constitución de 1814. Este evento dura casi todo el mes de octubre, el festejo más importante es el del día 22, día en que se celebra el aniversario de la Constitución. Durante el día se lleva a cabo un desfile, y por la tarde, al igual que en otros festejos, un jaripeo, para culminar con el gran baile por la noche.
Si nos remitimos a la época de la narración, el significado de la feria era aún de mayor peso que en la actualidad, era una oportunidad para acrecentar el comercio en la región, ya que la feria está dedicada a la agricultura y a la ganadería, principales actividades del momento. A un nivel más íntimo, esta feria una de las contadas oportunidades que tienen los habitantes de salir del pueblo, y una gran ocasión también para el lucimiento personal, lo vemos con Florentina, hasta cuyos humildes padres llegan noticias sobre la presencia de su hija a este evento. “Quesque anduvo en la feria de Apatzingán muy estrenada…” (Ibíd: 11).
La feria es también una ocasión para la juerga, ya que como fiesta cuenta con todos los elementos lúdicos para satisfacer a los asistentes,
…venía el convite de los gallos entre profusión de banderolas de papel de china, y el gritón anunció:
-¡Hoy, hoy, hoy! ¡Gran tapada de gallos! ¡Tres peleas de compromiso! ¡Zamora contra…!
La música prorrumpió en un vals” (Ibíd: 29).
Obviamente los elementos a los que nos referimos son el baile y los gallos, que según se aprecia en las crónicas que hace Magdaleno en su novela, eran, y de hecho en la actualidad los siguen siendo, elementos indispensables en cualquier fiesta de la región.
La expropiación
Podemos afirmar que el festejo que lleva más importancia dentro de la narración es aquel que se realiza en torno al acto de la expropiación de las haciendas a los Cusi. Este festejo significa de una manera muy metafórica el triunfo del socialismo contra el capitalismo y la propiedad privada, y hablando en términos más realistas, lo que implica este festejo es la visita del Presidente de la República a la región. Para los ejidatarios este arribo es por mucho un motivo para festejar, ya que cada uno recibiría un pedazo de tierra para trabajar; para los Cusi y los que con ellos obtenían beneficios económicos, la llegada de Cárdenas significa la desaparición de su fuente de ingresos, prácticamente la ruina.
No obstante hasta el acto de la expropiación llegan integrantes de ambos grupos, hacendados y ejidatarios, los unos a hacer entrega y los otros a recibir sus tierras y a festejar por ello.
La indiada aplaudió y otra voz –la del tantas veces anunciado Presidente de la República…
Entre los prominentes de Lombardía y Nueva Italia, don Alejandro Cussi (sic) y el licenciado Lastra tenían los ojos brillantes de lágrimas. Don Regino tragaba estoicamente su gran dolor y apenas si se le traslucía en el temblor nervioso de la barbilla (Ibíd: 82-83).
El texto nos deja una interesante crónica sobre el acto político, y la posterior celebración, que tiene lugar en el momento de la expropiación,
El patio de Lombardía estaba lleno de banderas y las campanas de la parroquia repicaban alegremente, en tanto la chiquillería echaba cohetes…resonó un toque militar. Acto seguido, vibraron las cajas de guerra y las cornetas rompieron a tocar la Marcha de Honor, en tanto la banda de Parácuaro, la humilde populachera banda de sombrerudos, se arrancaba con los marciales compases del Himno Nacional, y todas las cabezas se descubrieron…El sol de la Tierra Caliente fulguraba en los arreos militares, en las cajas de guerra, en las cornetas, en el gran escudo nacional pendiente de un poste, en los abalorios de las mujeres. Se desataron unos cuantos aplausos… (Ibíd: 80-81).
Hasta aquí, la celebración tiene un tinte muy militar, todos los elementos descritos hacen alusión a la naturaleza meramente política de esta primera parte del acto de expropiación. Pero las cosas cambian durante el festejo que sigue al acto cívico que termina por ser una mera formalidad que da paso a la verdadera celebración. Según específica el discurso narrativo, los personajes protagónicos de la novela, no participan del festejo, ya que en su mayoría forman parte del grupo cuya economía se ve afectada por la desaparición de la hacienda, por esta razón, asisten solamente al evento cívico. El discurso sitúa el festejo, como un evento ajeno a ellos, asociado a la idea de “los otros”, los forasteros, dice Marta Maqueda: “-El capitán nos invita al banquete de los señores de México, pero nosotras no podemos ir” (Ibíd: 85). Obviamente la negativa a asistir se debe a que el festejo está relacionado con la figura Lázaro Cárdenas, que ha venido a quitarles lo suyo, por lo tanto concurrir a dicho implica en cierto modo una traición, quien asiste a dicho evento está de acuerdo con las ideas del presidente y, por tanto, en contra de su gente (nos referimos a los hacendados) y sus intereses.
Ajeno a todas estás implicaciones semióticas, el festejo de “los otros” continúa con un esplendor igual, o mayor quizás, de cualquiera de las otras fiestas grandes a las que nos hemos referido anteriormente.
Había dos músicas en la finca –la banda de Parácuaro y una marimba que vino con la comitiva presidencial- y la indiada echaba cohetes. Cientos de políticos y prominentes, viejos y jóvenes, se acomodaban, a la sazón, en las diez enormes mesas dispuestas bajo unas velas no menos enormes…Unas señoronas, en lugares de honor, lucían altos peinados, collares y brazaletes. Era la gente de las lejanas maravillosas ciudades en las que no hay noche ni día…la música prorrumpió en algo cálido, un son…se dio cuenta que había bebido las tres grandes copas que le sirvió el capitán…le zumbaban las sienes y la música –ahora tocaba la banda de Parácuaro… El camión de Uruapan salía a las cinco de la mañana… (Ibíd: 85-87).
De este breve esbozo del festejo, podemos sacar algunas conclusiones, la primera de ellas es que aunque no se trata de un evento marcado por el calendario, sino improvisado, implica más o menos los mismo elementos que una fiesta señalada por tabla: música en vivo, fuegos artificiales y abundancia de comida y alcohol. Falta en nuestro listado la tapada de gallos, que al parecer solamente se lleva a cabo en las fiestas de calendario. Otro detalle importante, es que señala la hora del fin de la fiesta, al amanecer. Este gusto por amanecerse, ya lo ha señalado Ezio Cusi en sus memorias, como algo propio de los habitantes de la región, “…los bailes se prolongaban hasta el amanecer, a la gente del campo no le satisfacía si una fiesta no terminaba con la salida del sol. En los pueblos de Parácuaro y Apatzingán concurrí alguna vez a algún teatro o circo y las funciones terminaban después de la medianoche, precisamente con el objeto de que terminaran hasta el amanecer…” (Cusi, 2004: 52).
Las fiestas religiosas
Al parecer, en el ánimo de la región no prevalece el amor a las celebraciones eclesiásticas, de hecho Magdaleno hace un comentario bastante fuerte sobre el carácter de los habitantes de esta zona,
….en Parácuaro, como en todos los pueblos de la Tierra Caliente, no había mojigatos, el ardor del clima prohibía su generación. Por algo los obispos de Zamora tenían descartada de sus planes esta fiestera y despreocupada Tierra Caliente, en la cual las cosas divinas no lograban conmover a nadie. Allá cuando vino el finado monseñor Pulcheri, lo agasajaron con un baile, una tapada de gallos y dos comelitones… (Ibíd: 155)
Un poco más adelante, veremos como las tapadas de gallos son un elemento indispensable aun en las fiestas religiosas, las cuales en vez de tener el significado de fe y devoción que normalmente deben tener, se limitan al mero aspecto lúdico.
Que venía el jubileo tal, o el novenario del santo cual, o la vigilia de la cuaresma, y en vano se desgatiñaba el pobre párroco en el púlpito, llamando a la devoción de su grey, porque no se reunían nunca arriba de 30 o 40 pesos para las ceremonias religiosas. ¡Qué no se tratará de una fiesta! Salía el dinero como atraído por un imán, vibraban como sonajas jóvenes y viejos… (Ibíd).
Con este panorama tan desolador en cuanto a la fe pública, las únicas fiestas de las que se hace mención son tres: el día de Todos Santos, la Semana Santa y Nochebuena. Y, por lo menos en la descripción que tenemos de los festejos en torno a la Semana Santa, estos no tienen nada que ver con el espíritu católico: “… la Semana Mayor, que significaba cuatro tapadas de gallos, una corrida de toros y un encuentro de box…” (Ibíd: 157). Como vemos, predomina el gusto por los espectáculos sangrientos, y los personajes utilizan cualquier fecha festiva para disfrutar de éstos.
No sucede en los pueblo de la Tierra Caliente como en aquéllos de la región indígena de Michoacán, en los cuáles también prevalece el ambiente festivo a lo largo del año, pero con una fuerte carga de devoción religiosa.
El pueblo vive para la fiesta, una tras otra. Todo es motivo de celebración: festejar el santo del barrio o el patrono del pueblo, la cosecha… inauguraciones y entrada de estación. Todo esfuerzo es poco, todo trabajo es nada, si se va a cumplir con la invitación, en sueños por el santo pidiendo el compromiso de llevar el cargo de la fiesta (González, 1989: 299).
El festejo de Nochebuena, cómo lo describe la narración, se lleva a cabo de forma muy similar a los que se han descrito anteriormente: hay fuegos artificiales y mucho alcohol, de cualquier forma, el tema del festejo pasa a ser secundario, lo principal es hacer la fiesta a lo grande.
Tronaban cohetes –ya estaba encima la Nochebuena…mañana es Nochebuena y tengo que ponerme una borrachera padre…quien lo dijo trató de pensar en un buen trago de coñac, en un buen pavo al horno desprendiendo un jugo suculento… venían en el aire caliente de la noche los cohetes y las músicas de las posadas… (Ibíd: 120-127).
Como parte del juego narrativo -en el que las fiestas sirven también de marco para los eventos importantes de la historia contada-, la muerte de Casimiro ocurre justo en vísperas de Nochebuena, por lo que se da una mezcla entre el festejo y el luto, por un lado, los personajes tratan de mantener la gravedad que la defunción acredita, pero ello es difícil de lograr mientras fuera truenan cohetes y se respira el ambiente festivo de las posadas.
Fiestas privadas
Las fiestas privadas o familiares son un termómetro para medir el status de quien las ofrece. El prestigio social está en juego en estas celebraciones: el pobre hace sus fiestas de pobre, o no las hace, porque apenas cuenta con lo indispensable para la subsistencia. Por eso las fiestas de la élite terracalenteña tenían fines ostentosos, aparte de que se buscara robustecer la relación de la familia cercana y extensa o las relaciones sociales. Se trataba de hacer relucir el dinero y las virtudes de los integrantes de la familia, sus atributos personales y sus dotes estéticas. Tradicionalmente, en la fiesta se derrocha,<!--[if !supportFootnotes]-->[9]<!--[endif]--> se muestra la holgura, se muestra la holgura de recursos con que cuenta el anfitrión. Se presenta lo mejor del mobiliario, de la ropa, porque la gente se viste de fiesta o para la fiesta y se sirven los más suculentos y variados manjares.
Las tertulias
Los personajes de Cabello de Elote, tienen, acorde con el carácter fiestero que les atribuye Magdaleno, un sinnúmero de motivos para realizar una tertulia: cumpleaños, onomásticos, anuncios de compromiso matrimonial, recibimiento de algún familiar que estuviese fuera del pueblo. A lo largo de la narración encontraremos variados ejemplos de estas tertulias, el cumpleaños de Florentina, el santo de don Braulio Méndez, el recibimiento a la mujer del mayor Rodríguez, y así podíamos continuar la lista, pero ahora nos abocaremos a estudiar el caso de la fiesta que organiza el licenciado Lastra para festejar el regreso triunfal de su hijo, el Pajarito, convertido ahora en un estudiante de la Facultad de Derecho de Guadalajara.
Este festejo en particular, nos deja ver el proceso de cambio social que se está generando al interior de la narración. El regreso de el Pajarito tiene lugar unos años después de la expropiación, su padre, anteriormente el mayor aristócrata de Parácuaro, se encuentra ahora arruinado, no obstante, en esta ocasión busca literalmente “echar la casa por la ventana” para festejar el regreso de su hijo. Además, recordemos que en la organización de la fiesta se deja ver el estatus social de quien la organiza y el licenciado Lastra, aunque arruinado, trata de conservar las apariencias de su antigua posición económica, para lo cual “…dispuso una señora recepción en honor de su hijo” (Ibíd: 108). Como correspondía a su rango, invitó a los personajes más prominentes de la región, incluyendo nada menos que al obispo de Zamora, quien “No asistió, por cierto…tenía un compromiso intransferible, ni los Hurtado, de Los Bancos, ni el millonario Mendieta de Uruapan, y no se estacionó frente a la casa un solo automóvil” (Ibíd). Con esa actitud, los adinerados personajes le están dejando en claro a Lastra que ya no forma parte de su círculo. Por el contrario, los miembros de la nueva clase pujante en Parácuaro, asisten inmediatamente a la invitación del ex aristócrata, ya que con su presencia en este evento legitiman su condición de “nuevos ricos” y pueden entrar en el círculo de los antiguamente ricos, que aunque ya no lo son, siguen teniendo peso en la estructura social.
Sobre el desarrollo de esta tertulia en particular, la instancia narrativa nos deja bastantes datos, ya que dedica cerca de seis páginas a su descripción, cosa que no sucede con ninguna otra fiesta de las que tienen lugar durante el relato. Así, nos enteramos que muchas de las diferencias entre los asistentes fueron exitosamente zanjadas, gracias a la abundancia de bebidas alcohólicas que hubo en la fiesta: “Las sonrisas se convirtieron en francas risas. Estaba roto el hielo y el calor de los cocteles (sic) de arrayán y ciruela –verdaderas creaciones de Mercedes Méndez- hizo lo demás, en complicidad con la dulzura de la noche de noviembre y los boleros, sones y huapangos de la radio” (Ibíd: 110). En este contexto, podemos discernir que una tertulia giraba sobre tres ejes básicos: la bebida, la charla y el baile. Es este ambiente relajado lo que da pie a que ocurran acontecimientos que en adelante marcaran el desarrollo de la historia: la formalización del noviazgo de Cuca Mercado y el Pajarito, la declaración del mayor Rodríguez a Florentina -“Te quiero más que a mi vida y estoy dispuesto a todo por ti” (Ibíd: 157)- y el enamoramiento de Florentina y el Pajarito.
Los paseos
Sobre lo que sucede en los paseos y los días de campo, nos dice Guillermo Prieto:
Todos saben el fin de un día de campo, tal cual gastrónomo, indigesto, tal cual pareja pérdida en la aspereza de un camino, como la palma de la mano para el porvenir, una deuda más, el dueño de la casa, ojeriza de algunos rivales, celillos de maridos y amantes, algunos trastos rotos, un mantel sucio de Burdeos, una página más en la crónica escandalosa, y otras travesurillas (Prieto, 1993: 279-280).
De hecho, el día de campo que se organiza en Cabello de Elote, se lleva a cabo tal cual se describe en la cita de Prieto, lo cual corrobora que en efecto, los paseos al campo seguían siempre la misma pauta. En nuestro caso, dicho evento es organizado en honor de dona Aurora, la mujer del mayor Rodríguez, que ha venido a pasar unos días en el pueblo. Varios factores contribuyen a que este hecho se vuelva tan sonado entre los habitantes de Parácuaro, en primer lugar el reciente ascenso de Rodríguez en la escala social, y después el morbo que genera el triángulo amoroso doña Aurora-mayor Rodríguez-Florentina.
Los preparativos del día de campo, involucran a personajes de todas las escalas sociales, aunque como invitados sólo asistirán los miembros de las clases más altas. De cualquier manera, todos participan animosamente en la organización del evento,
Un enjambre de indios puso mano, desde el sábado, en el ornato del vergel de Paracuarito y don Braulio requisó las sillas de tule del pueblo. Siete u ocho amas principales compitieron en la confección de los guisos regionales y don Jorge Blumenthal… apareció triunfalmente con una caja de legítimo Hennessy y cincuenta de cerveza (Magdaleno, 1983:140)
Finalmente, el día de campo está a punto de arruinarse por el encontronazo entre Florentina y doña Aurora, con lo cual está última se marcha enfadada del pueblo, unos días antes de que se lleve a cabo el evento en su honor. Obviamente, el ánimo de nuestros fiesteros personajes no se ve abatido por tan escandalosa situación y deciden seguir adelante con sus planes, no obstante la ausencia de la homenajeada, “Qué se queden los que quieran. ¡Habrá más corundas y chiles en nogada!” En fin, que el día de campo se lleva a cabo, y tal como estaba previsto:
Hubo comelitona en grande, corrieron el coñac y la cerveza y se bailó al estrépito de la charanga municipal. Fue una tarde memorable en la que se sellaron muchos noviazgos y, fuera de las personas de edad… no se habló, bajo los mangos y las palmeras, sino de amor. A la hora de regresar, faltaban cuatro o cinco parejas y las viejas pusieron el grito en el cielo… (Ibíd: 145).
Para cerrar el tema de las salidas al campo, que ante la escasez de diversiones disponibles en la época y la región, constituían una de las principales distracciones en la Tierra Caliente, simplemente corroboremos lo que se dice en la narración con lo que cuenta Ezio Cusi en sus memorias:
Habíamos formado una escoleta, entre un buen amigo mío, español, Valentín Zapatero…que tocaba la mandolina, otro empleado, el señor Vicente Escobedo…que tocaba el violín…y yo que mal tocaba la guitarra…salíamos a recorrer las huertas tocando y cantando canciones rancheras…Salíamos también seguido a visitar hermosos parajes en las orillas del Río Cupatitzio, en algún remanso nos dábamos un buen baño, retozábamos por largas horas y comíamos alegremente bajo algún frondoso árbol regresando a casa por la tarde (Cusi, 2004: 53).
Los bailes privados
En nuestra narración tenemos noticia sobretodo de bailes privados llevados a cabo durante la época de la hacienda, y éstos eran organizados por los mismos hacendados. Según deja ver el texto, estos acontecimientos eran de lo más elegante, al igual que sus asistentes. La referencia a dichos bailes, se da por remembranzas del pasado “…las fiestas de don Dante Cussi…Don Regino hizo recuerdos de la última noche del siglo pasado –bailó hasta el amanecer con quien debió haberse casado…” (Magdaleno, 1986: 91). Al ver la demolición de los edificios antiguos, los personajes no pueden evitar recordar que en otro tiempo esos inmuebles fueron los lugares “en cuyas salas bailó mazurcas y valses de Viena la crema social de la época de don Dante Cussi…” (Ibíd: 96).
Después del esplendor de la hacienda, el único baile privado que se celebra es aquél que ofrece Jorge Blumenthal para los futuros novios, Regino y Florentina. Obviamente, el afán de ofrecer esta fiesta es congraciarse con el novio, que para ese momento de la narración se ha convertido en un personaje muy rico y poderoso. “…don Jorge Blumenthal dio un baile en honor de los prometidos y no faltó nadie que se preciará de ser alguien en Parácuaro…Don Regino bailó dos o tres valses con Florentina… (Ibíd: 247).
Las bodas
Curiosamente, las dos únicas bodas que se describen en la narración comparten a la misma novia, Florentina. La primera de estas bodas, con el mayor Rodríguez, nunca llega a realizarse, sin embargo, si tenemos los detalles sobre los preparativos, lo cual nos da una clara idea de cómo se llevan a cabo estas celebraciones en el contexto que recrea la narración. Los preparativos inician desde el anuncio del compromiso matrimonial, en el cual “…el Miércoles de Ceniza la flor y nata de Parácuaro se congregó en casa de don Braulio y homenajeó con su presencia el anunciado matrimonio del mayor Rodríguez y Cabello de Elote” (Ibíd: 153). Con ello, queda claro que la nueva pareja es bien recibida en la élite de la comunidad, y que el hecho de que se casen solamente por las leyes civiles, no afecta en nada su aceptación, ya que ante todo, son ricos. Este nuevo estatus, lo tienen que demostrar por medio la ostentosidad, y no hay mejor oportunidad para ello, que en el festejo de una boda. La organización del casamiento continúa, haciendo gala de la abundancia económica del novio “…y ya con la semana santa encima, fueron encargadas a Guadalajara la ropa de la novia –una ropa digna de la munificencia de un potentado- y la lencería del nuevo hogar” (Ibíd:154). Lógicamente, lo más importante en las bodas, es la fiesta, y en este caso, como hay dinero de por medio, eso debe reflejarse en el esplendor de la celebración “Ya estaba todo listo para la ceremonia del domingo y el banquete –un señor banquete de doscientos cubiertos bajo los mangos de Paracuarito… (Ibíd: 191)”. Finalmente, esta boda se suspende a pocos días de la fecha en que estaba planeada, debido a la aventura de Florentina con el Pajarito. Pero al poco tiempo del escándalo, comienzan los preparativos para una nueva boda de Florentina, esta vez, con don Regino, y ahora el enlace será aún más aparatoso de lo que pretendía ser el anterior. En esta ocasión, el novio es más que rico, millonario, de hecho se ha convertido en el hombre más adinerado de la región. Incluso, el cura del pueblo puede olvidar los hechos tan “pecaminosos” en que se vio involucrada Florentina, y anunciar su próximo matrimonio con bombo y platillo:
El mismo párroco le anunció, en el instante en que ella puso en la charola un billete de a veinte pesos:
-Don Regino quiere que tu boda haga ruido. De modo que tú dirás cuando los caso.
La flor y nata de Parácuaro llenaban ese mediodía la sacristía (Ibíd: 231).
Lógicamente, la celebración de la boda, fue de lo más ostentoso que se había visto en los últimos tiempos. Todos los elementos festivos son de lujo, predomina el derroche y la presunción. En la ornamentación, como es de rigor en las bodas, predominan los azahares, y en el festejo no falta el alcohol y el baile. Ya que la boda se celebra también por las leyes católicas, la iglesia del pueblo es el punto de partida para el festejo.
Llegó el domingo del gran acontecimiento y desde las ocho repicaron las campanas. Florentina salió de casa de Eulalia impoluta, rumbo a la iglesia. Desde los buenos tiempos de don Dante Cusi, aseguraban los viejos, no se había visto nada igual en Parácuaro…La parroquia estaba adornada como si se tratara de la canonización de una santa y Nicolás Anguiano cantó el Ave María, en tanto las doncellitas se disputaron arrancar un azahar de la diadema de la novia. En Paracuarito había diez enormes mesas<!--[if !supportFootnotes]-->[10]<!--[endif]--> y corrió en champaña. Unos músicos que don Jorge Blumenthal hizo traer de Uruapan tocaron y cantaron las canciones de moda. La casa de don Regino…estaba adornada de azahares desde la azotea hasta el piso. Todo el Dodge estaba lleno también de azahares. Arrancó rumbo a Uruapan y la murga rompió a lloriquear en Las golondrinas<!--[if !supportFootnotes]-->[11]<!--[endif]--> (Ibíd: 250).
Paradójicamente, aunque Florentina se casa con don Regino después de haber perdido la virginidad con el Pajarito, cada lugar que tiene que ver con la boda es cubierto con azahares –la iglesia, el lugar del banquete, la casa de los novios, el automóvil-, que son el símbolo de la pureza de la novia. Pareciera que cubriéndolo todo con azahares, se buscara omitir el hecho, para la sociedad de ese entonces inaceptable, de que la novia llega al matrimonio sin ser virgen.
A modo de conclusión
Dentro del sistema narrativo de Cabello de Elote, las festividades tienen una función primordial. Es durante las festividades cuando ocurren los acontecimientos de mayor importancia para los personajes: peleas, declaraciones de amor, rompimientos de amistad, reconciliaciones e incluso muertes. Así, podemos decir que Magdaleno ha construido una historia donde las fiestas son los nodos de la narración.
La fiesta tiene para los personajes de la novela una serie de significados concretos inscritos en el contexto social que reproduce la narración. De forma muy general podemos señalar que las fiestas son un espacio de trasgresión, en el cual están permitidas conductas que normalmente son reprobadas por la sociedad. Cada fiesta significa la ruptura de alguna regla. En el día de campo, las parejas aprovechan el fervor de la fiesta para apartarse de la vista de los demás; al calor de las copas, es también la oportunidad ideal para zanjar discordias, que quizá en otro contexto nunca se hablarían. Otra de las connotaciones más obvias de las fiestas, son aquéllas relacionadas con las galas, tanto en el vestuario como en la ornamentación de la fiesta, cada celebración es un oportunidad para el lucimiento tanto de los anfitriones como de los asistentes, quienes aprovechan la ocasión para lucir lo mejor de su vestuario. Y, finalmente, una fiesta connota siempre abundancia, sobretodo de comida y bebida.
Hemos visto que para el ambiente que reproduce la narración, hay tres elementos básicos cuya abundancia hace que una fiesta sea exitosa: comida, bebida y baile. En el caso de las fiestas públicas, se debe añadir además el espectáculo de fuegos artificiales y las peleas de gallos.
En las fiestas privadas, que llevan inscrita una connotación aristocrática, la lista de invitados marca quién pertenece a la clase alta, solamente la “crema y nata social de Parácuaro y de la región” puede asistir a las reuniones de élite, lo mismo que es necesaria la asistencia de ciertos personajes para que una fiesta se considere de altura. La cambiante dinámica social del momento histórico que se plasma en la novela, se va reflejando a lo largo de la narración en función de los asistentes a las fiestas de la clase alta del pueblo. Al inicio de la narración, a dichas fiestas asisten solamente los que pertenecen al círculo de los hacendados, pero esto cambia después de la expropiación, ya que surgen nuevas figuras sociales, inexistentes durante el régimen hacendario, como los comerciantes y los altos mandos militares, quienes al irse haciendo con capital económico, van ganando terreno también en el espacio social antes exclusivo de los latifundistas. Así, la aceptación de los nuevos ricos en las fiestas de la antigua oligarquía, legitima también su ascenso en la escala social.
Cabe señalar que en este trabajo, por cuestiones de espacio, no queda agotado el tema de las festividades que abarca la narración en Cabello de Elote, falta hacer una descripción mucho más amplia de la dinámica de los espectáculos tradicionales como las peleas de gallos y los jaripeos, y revisar la función de diversiones como el teatro y el cine, que no han sido abordadas en este trabajo.
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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Geográficamente, la narración se ubica en la zona de la Tierra Caliente de Michoacán. Sobre la geografía de la región, nos dice González “…es un valle rojo, puesto de moda por su redentor Lázaro Cárdenas. Alojado en el suroeste de México y de Michoacán, mide 120 kilómetros de longitud y 50 de anchura; es decir, 6000 kilómetros cuadrados, que hoy se reparten entre ocho municipios: Apatzingán, Buenavista, Churumuco, Francisco Múgica (Nueva Italia), Gabriel Zamora (Lombardía), Huacana, Parácuaro y Tepalcatepec. El valle conocido con el nombre de Tierra Caliente, no cae dentro de la franja comprendida entre el trópico de Cáncer y los sesenta grados de latitud norte, donde los geopolíticos sitúan los focos más luminosos de la cultura contemporánea (González, 2001: 17).
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Los cultivos de arroz necesitan grandes cantidades de agua, por lo que fue necesario realizar obras para poder tomar el agua del río Cupatitzio. Estas obras consistieron en la construcción de canales y la instalación de un sifón, sólo de esta forma se podía hacer productiva la zona.
<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]--> Volviendo a la improvisación de lugares para el ocio, La Flor de Parácuaro es un buen ejemplo de ello. El texto la describe como un local multiusos: “…enseñaba las primaras letras a dos docenas de chicos en la trastienda de La Flor de Parácuaro, abarrotes, bonetería y ferretería…” (Magdaleno, 1986: 53), a estos usos se le agrega posteriormente, el de venta de licores, por lo que se convierte en un punto de reunión masculino.
<!--[if !supportFootnotes]-->[7]<!--[endif]-->Sobre el término, sabemos que viene del vocablo francés kermesse y hace referencia a una pintura o tapiz flamenco, generalmente del siglo XVII, que representaba fiestas populares (RAE). En nuestro caso, una kermés se refiere a las vendimias de comida organizadas ex profeso para la obtención de ganancias económicas, en México son muy comunes en las escuelas, o aquellas que realizan organizaciones caritativas. En los pueblos de Tierra Caliente, en las kermeses se vende comida regional: morisqueta, enchiladas, pozole, tacos, corundas y tamales, así como diversas bebidas también tradicionales: jamaica, horchata y atole.
<!--[if !supportFootnotes]-->[8]<!--[endif]--> El "Jaripeo", que dio origen al rodeo y a la fiesta de los charros data del México de principios del siglo XIX e incluso de la época de la Colonia Española, a partir de faenas que los vaqueros y domadores de caballos realizaban en corrales y ruedos. (http://es.wikipedia.org/wiki/Jaripeo)
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