En la ruda brecha de la vida vivió y conoció muy de cerca las más sentidas necesidades y aspiraciones de justicia social del obrero y del campesino, mismas que irremediablemente le llevaron a identificarse con las palpitaciones de la revolución maderista.
El 16 de julio de 1911, en compañía de un nutrido grupo de ciudadanos paracuarenses, y con el objetivo de discutir la mejor forma y los caminos a seguir para defender los ideales de la revolución social mexicana, recién iniciada unos meses antes, Cenobio Moreno organizó una reunión en la casa-habitación de don Daniel Pacheco. Con él se reunieron: el presidente municipal de Parácuaro, don Antonio Barajas; los ciudadanos Narciso y Daniel Pacheco; Delfino Bucio; Carlos León; Hipólito Núñez; Francisco Patiño; Jesús Rueda; Francisco Guillén; José y Elías Soto; Atanasio Cabrera; Francisco Ornelas; Agustín Mercado; Luis Castañeda; Nicandro y Arturo Villaseñor.
Como primer paso decidieron dirigirse al c. Gobernador interino del estado, general J. Jesús Garza González, por medio de un claro y firme documento que demuestra cómo los hombres de esta apartada población, valientes y conscientes de sus derechos cívicos, y en abierto desafío al poder político y burocrático, pugnaron por la implantación de un municipio verdaderamente libre y soberano.
TRANSCRIPCIÓN TEXTUAL DEL DOCUMENTO.
-------“Parácuaro, Michoacán, 16 de julio de 1911. C. Gobernador Interino del Estado. Morelia, Mich.- Informados por la prensa de haber sido nombrado Prefecto en Apatzingán, respetuosamente suplicamos a Usted suspenda nombramiento. El pueblo de Parácuaro, inspirado en bases de San Luis, no estamos conformes de que continúe antiguo sistema político. Los Presidentes Municipales satisfacen las aspiraciones del pueblo y cuentan con nuestra incondicional ayuda para garantizar los intereses de la sociedad. Creemos interpretar con ésta manifestación los sentimientos patrióticos de todos los ciudadanos del Distrito, seguros como estamos de que elementos extraños al gobierno y en forma antigua de régimen, perturban la paz y la tranquilidad de que disfrutamos y que hemos proporcionado con sacrificios, no obstante violenta transición. En todo caso, el Presidente Municipal de Apatzingán puede asumir funciones de Autoridad Política del Distrito, entre tanto el Sistema Gobierno esté en condiciones que llene las aspiraciones del pueblo y se hacen elecciones populares. Pedimos respetuosamente”.--------------------------------
Firmando todos los ciudadanos arriba indicados.
Sin temor alguno de los peligros que se avecinaban, días después del asesinato del presidente de la república Don Francisco I. Madero, y en junta extraordinaria, se volvieron a reunir para discutir el dramático suceso y acordar la mejor táctica para combatir la usurpación huertista; así fue como se constituyó la “Junta Revolucionaria”, según acta suscrita el 21 de abril de 1913, y en donde consta la fecha pactada para el levantamiento de armas: el 5 de mayo de 1913.
TRANSCRIPCIÓN TEXTUAL DEL DOCUMENTO.
---En la Villa de Parácuaro de Morelos, del Estado de Michoacán, a los 21 días del mes de abril de 1913, los suscritos reunidos en la casa del C. Daniel Pacheco, con objeto de normalizar las pláticas que desde hace un mes se han tenido con respecto a la conveniencia de desconocer al actual gobierno del centro que preside el indigno General Victoriano Huerta y que antipatrióticamente están apoyando los de igual título y calificativo: Félix Díaz, Manuel Mondragón y Aureliano Blanquet, y considerando que los medios violentos y atentatorios por los cuales Huerta asumió el poder de la República Mexicana, violando palpablemente nuestra Constitución y que nos desprestigian ante las naciones cultas, toda vez que el Presidente Don Francisco I. Madero y el Vicepresidente Don José Ma. Pino Suárez fueron mandados asesinar por los personajes ambiciosos que antes se mencionan, y que la renuncia del Presidente Interino de la República Don Pedro Lascurain, se obtuvo por medio de la fuerza bruta; y por otra parte, tomando en cuenta la opinión pública que es enteramente adversa a los inicuos asesinatos cometidos y a las persecuciones injustificadas que actualmente se hacen a los hombres que fueron partidarios y lo son todavía del Gran Apóstol de la Democracia: C. Francisco I. Madero, han resuelto constituirse en Junta Revolucionaria que apoyará, aún a costa de su sangre, el movimiento actual en contra de Huerta y de todo poder que sea creado bajo su administración; iniciado por los patriotas Maytorena y Carranza, y secundada en nuestro Estado por los valientes Generales Gertrudis G. Sánchez y Joaquín Amaro.- Porque los suscritos juzgan denigrante para el pueblo mexicano que la traición de cuatro o cinco sujetos en quien la patria había depositado su confianza, la hagan regresar a épocas dictatoriales; y que el ejemplo de inmoralidad que con su conducta han dado éstos malos mexicanos quede sin castigo por el poder omnímodo y de ese pueblo al cual pertenecemos y que sólo anhela la reivindicación de sus libertades, de sus derechos y soberanía, para cuyos fines no emitimos sacrificios algunos hasta derramar la última gota de sangre, ni creerá en las falsas promesas de los reaccionarios porfiristas cubiertos de hipocresía y de dolo.- Por lo expuesto, la Junta Revolucionaria que se constituye por los suscritos, deberá funcionar bajo las siguientes---------------
CONDICIONES :
PRIMERA: Los suscritos quedan solemnemente comprometidos bajo palabra de honor a guardar las reservas debidas en ésta Asamblea, a trabajar con toda actividad a la reunión de elementos propios a los fines que se persiguen; y si las circunstancias precipitan los planes, a reunirse a iniciativa de cualquiera de los miembros de la Junta con los elementos que se hayan podido reunir, para determinar lo que debe hacerse y acordar previamente quién debe asumir el mando. En la inteligencia de la designación de un Jefe Supremo para el movimiento, se hará respecto de los suscritos, por conveniencia de disciplina para el mejor éxito de la empresa y porque todos nos consideramos de igual carácter de iniciadores.-
SEGUNDA: La misión de los suscritos se limitará a obtener el triunfo de la causa justa que se persigue, que consiste en el derrocamiento del Presidente Huerta y a no admitir cualquier otro poder que surja bajo ésta administración; y que se establezca normalmente el poder constituido bajo las condiciones de los Señores Carranza y Maytorena, y lo que se exprese ampliamente de acuerdo con todos los Jefes Principales que secundan el movimiento.-
TERCERA: Los suscritos respetarán al C. Gobernador del Estado del Estado Dr. Miguel Silva, porque estamos convencidos de que su elección fue popular y de que reúne los dotes necesarios para hacer que el Estado progrese bajo su administración; siempre que el centro no ejerza presión alguna, a la cual nos oponemos enérgicamente con las armas, pues ya las tenemos en las manos, desconociendo al gobierno de Huerta que conceptuamos ilegal.
CUARTA: Careciendo la Junta Revolucionaria de elementos pecuniarios y de guerra, para los fines que se persiguen, recurrirá a los préstamos forzosos y a la decomización de armas, caballos o cualquier otro elemento necesario a los fines que se persiguen, previo acuerdo de la Junta; por ningún motivo se harán saqueos, ni se permitirán asesinatos que desprestigien la causa, porque el fin que se persigue es enteramente patriótico, y al disponer de elementos extraños que no puedan aportar los miembros de la Junta, se limitarán estrictamente a lo indispensable para el sostenimiento de la misma Junta y de sus fuerzas.
QUINTA: Logrando el triunfo de la causa, no pediremos al Gobierno que se constituya legalmente ningún grado militar; no honores, pues nuestra recompensa más grande será nuestra satisfacción de haber servido a nuestra patria, y regresar a nuestros hogares dispuestos a reanudar nuestros trabajos que nos produzcan el sustento para nuestras familias.
SEXTA: Con las peripecias de la lucha que vamos a emprender, pueden privarnos de la vida a algunos de los miembros; y como todos tenemos familias, nos comprometemos solemnemente a que los sobrevivientes presten auxilio pecuniario o monetario, o en cualquier otra forma necesaria a los padres, hermanos, viudas e hijos de los que desgraciadamente sucumbamos en la lucha en bien de la patria.
SÉPTIMA: Salvo causa de fuerza mayor, los miembros de la Junta determinan que el 5 de mayo próximo se da el Grito de la Revolución en éste heroico pueblo con los elementos que se hayan podido reunir, bajo el concepto de que el descubrimiento de estos planes o cualquier otra circunstancia imprevista, obligue a todos y a cada uno de los miembros a obrar en el mejor sentido que convenga a los intereses comunales, siempre que no sea contrario a los fines que se persiguen.
Conforme a los que asistieron a la presente junta, después de haber dado lectura del contenido de esta Acta, se manifestaron conformes y ratificaron lo dicho.--------------------------------------------------------------------------------
FIRMANDO LOS CIUDADANOS: Cenobio Moreno, Daniel Pacheco, Sabás Amescua, Rafael Garibay, Nicandro Villaseñor, Emilio Sandoval, Antonio Barajas, José María Álvarez, Delfino Torres, Arnulfo García, José Luis Méndez y Benjamín Yépez.- RUBRICADO.-___________________________________
Siete días después de este hecho, en la noche del domingo 27 de abril, la conspiración fue descubierta. El grito de la revolución precisó adelantarse a la fecha pactada.
Al día siguiente, lunes 28 de abril, se congregaron todos los miembros de la “Junta Revolucionaria”, y por unanimidad de votos, nombraron a Cenobio Moreno Bucio como jefe máximo de la insurrección.
Cenobio Moreno da la señal de la lucha armada; con enardecidas palabras llama a sus paisanos a las armas, a la guerra para derrocar al tirano, a la víndica nacional contra el crimen. Su primera medida preventiva fue cortar los alambres del telégrafo y requerir armas, monturas y caballos. El mismo día y con mucho entusiasmo, se presentaron voluntarios y simpatizantes del movimiento; los que no pudieron ingresar a las filas, con gusto entregaron sus armas y municiones.
De inmediato, Cenobio Moreno despachó un correo al vecino pueblo de Tancítaro para comunicarle de la situación a Miguel Villaseñor Estrada, uno de los principales jefes del movimiento en la región, quien respondió con el envío de un grupo de revolucionarios. Secundando esta actitud, así también lo hizo Rafael Sánchez Tapia; quien se encontraba provisionalmente destacamentado en la población de aguililla.
Cenobio Moreno envió también a cinco jinetes para que don Justo Ioya, dueño de la hacienda de “Los Pozos”; ubicada cerca de Apatzingán, les entregara cinco mil pesos y treinta y cinco caballos que había ofrecido para la causa. Los comisionados fueron Carlos León, otra persona cuyo nombre no se menciona, y tres miembros de la junta revolucionaria: José Luis Méndez, Nicandro Villaseñor y Rafael Garibay; éste último fungía, además, como secretario del ayuntamiento.
El mismo día, a las 10 de la mañana, todo el pueblo presenció emocionado la salida del improvisado ejército, formados en columna compuesta de más de 200 hombres; que entre gritos, vítores y “mueras”, marchaban. Cenobio Moreno, portando la bandera nacional, encabezó la marcha; a su lado, su hermano Modesto; también Ambrosio Madrigal, quien llevaba un estandarte negro como símbolo de la guerra. Entre la polvareda del camino, poco a poco se fueron perdiendo de vista, oyéndose los gritos de “viva la revolución”; “viva Gertrudis Sánchez”; “Viva Carranza”; “viva Cenobio Moreno”; “muera el chacal huerta”; “mueran los traidores”.
Sin embargo, de los cinco comisionados a la hacienda de “los pozos”, solamente Rafael Garibay se presentó de regreso con Cenobio Moreno; entregándole mil pesos que recibiera en una red, así como los treinta y cinco caballos. Los otros cuatro habían huido con el dinero. José Luis Méndez, por ejemplo, no supo comprender la importante posición que había empezado a desempeñar en las filas de la revolución; su mala acción fue un lastre que lo persiguió hasta su muerte, acaecida en 1917, militando a la órdenes del general José Rentería Luviano. Nicandro Villaseñor, por su parte, se hizo dipsómano por el remordimiento de haberle fallado a Cenobio Moreno; a pesar de todo, fue un hombre valiente, militó siempre a las órdenes del general Benigno Serrato y murió en Orizaba, Veracruz el 2 de noviembre de 1925, siendo mayor del 35 regimiento.
Las primeras escaramuzas que sostuvo Cenobio Moreno, se dieron en la Cofradía y Úspero. Luego siguió a Nueva Italia, en donde se enfrentó a los pelones huertistas que resguardaban la hacienda; el saldo fue de muchos muertos y heridos en ambos bandos.
Continuó luego por muchas poblaciones y ranchos del plan de la tierra caliente, combatiendo contra federales y proveyéndose en las luchas de gente, armas y caballos. Se apoderó de las plazas de Parácuaro, Nueva Italia, Buenavista, Tumbiscatío, Arteaga y Aguililla; éstas dos últimas, en apoyo a las fuerzas también revolucionarias de Benigno Serrato y Benjamín Ruiz Goroztieta, respectivamente.
Estuvo también en Tacámbaro, población en donde se encontraba el cuartel general de los jefes revolucionarios Gertrudis G. Sánchez, Jesús Agustín Castro, Joaquín Amaro, Cecilio García y José Rentería Luviano.
El 30 de mayo de 1913, ataca y se apodera de la plaza de Apatzingán, defendida por el prefecto huertista Francisco Vera. Después del triunfo, fue ascendido a subteniente el hasta entonces sargento Rafael Garibay. En este mismo combate y contando entonces con apenas 18 años de edad, tuvo una participación tenaz el general y benemérito del campesinado mexicano, Don Lázaro Cárdenas del Río.
Cenobio Moreno siguió adelante en su lucha armada, en la que se alternaron victorias y derrotas; y en las que hizo frente a los más poderosos contingentes de las fuerzas federales, comandadas por jefes crueles y aguerridos hombres como lo fueron: Rodrigo Paliza, Octavio de la Peña, Juvencio Hernández, Prado Tapia, Allén Vallejo, Manuel Fernández Guerra, entre otros más.
Después de haberse recuperado a sangre y fuego la plaza de Apatzingán y, en la que se registra como una importante estrategia de la campaña revolucionaria en el estado, deciden unir fuerzas los hasta entonces coroneles: Benjamín Ruíz, Miguel Villaseñor y Sabás Valladares; los mayores Cenobio Moreno, Benigno Serrato y Luis Santoyo; los subtenientes José Tafolla, Jesús Ordorica y Antonio Torres, así como otros renombrados revolucionarios. Los hechos de armas de estos jefes fueron muchos y frecuentes. Su tenaz enemigo y perseguidor lo fue el sanguinario general huertista Gordiano Guzmán, a quien siempre se le enfrentaron con decisión y valor.
Luego de muchas acciones de armas, Cenobio Moreno fue ascendido a teniente coronel y designado jefe de los grupos revolucionarios que peleaban en la región de tierra caliente.
El 7 de junio de 1913, al encaminarse Cenobio Moreno entre las poblaciones de Tumbiscatío y Arteaga, cae en la “barranca de la rueda” en una cobarde emboscada, articulada por Gordiano Guzmán. Fue una sangrienta lucha y de fatales consecuencias para las fuerzas revolucionarias; ahí fueron tomados prisioneros los coroneles Miguel Villaseñor y Benjamín Ruíz, así como también el capitán Bustos, quien en este hecho eliminó personalmente a un hombre de mucho valor para Gordiano Guzmán, su hijo Elodio. Los tres valientes revolucionarios fueron fusilados de inmediato. Ya con el grado de capitán, Don Lázaro Cárdenas del Río participó también en este combate, militando a las órdenes de Cenobio Moreno.
Más tarde, Cenobio Moreno fue llamado por el general Gertrudis G. Sánchez para colaborar con su gente en la toma de la plaza de Pátzcuaro, defendida entonces por el coronel huertista Rodrigo Paliza. Este hecho se registró el 9 de agosto de 1913. Fue un encarnizado combate planeado y dirigido por el general Joaquín Amaro; con la colaboración de las fuerzas de los también generales Cecilio García, José Rentería Luviano, Alfredo Elizondo, Juan Espinoza, J. Irineo Rueda, y otros más.
El 12 de agosto, Cenobio Moreno y sus fuerzas combatieron en Huiramba, encontrando allí la muerte los capitanes Marcelino Díaz y Jesús Saucedo; y en donde también fue herido de gravedad el capitán Isauro Pacheco.
En cooperación con las fuerzas que comandaban el general Martín Castrejón y el teniente coronel J. Jesús Castrejón, el 27 de octubre, libra Cenobio Moreno el combate de “Barranca Toscano”, cerca de la población de Arteaga. El día 29 del mismo mes, se enfrenta contra las fuerzas federales en la hacienda de “Zicuirán”.
El 18 de noviembre de 1913, Cenobio Moreno coopera con sus fuerzas en la toma de la plaza de Tacámbaro, defendida por el general huertista Pedro Tapia. Allí sufre la pérdida heroica de su hermano Modesto.
El conocido combatiente federal Octavio de la peña, por su firme adhesión a huerta fue nombrado prefecto político de Apatzingán. Se empeñó en perseguir a Cenobio Moreno en una forma implacable y tenaz. Fueron varios los enfrentamientos que sostuvieron; en uno de ellos, logra Cenobio Moreno, eludir una pavorosa emboscada en el “Arronjadero”, cerca de Uruapan.
El 23 de diciembre de 1913, Cenobio Moreno sostiene un sangriento combate en la hacienda de “Los Bancos”, defendida por hombres de la defensa armada bajo la autoridad de Octavio de la Peña y comandados por José Huerta. En ese lugar perdieron la vida la mayoría de sus revolucionarios. En este mismo combate, Cenobio Moreno fue lastimosamente herido en una pierna; fue así dejando un hilillo de sangre que enrojeció los tablones de madera, cuando atravesó el puente del profundo barranco. En estas condiciones, se encaminó entonces a la loma de “Quinceo” y se afortinó tras las rocas y barranquillas. Allí permaneció defendiéndose, en nutrido tiroteo con un número aproximado de 20 de sus fieles soldados, entre los que se mencionan a Samuel Talavera, Adrián Ávila, Pascual García, Donaciano Flores, Rafael Buenrostro, J. Trinidad Espinoza, y su intrépido clarín José Ávila, entre otros.
Era ya muy tarde cuando Octavio de la Peña logró cercar a Cenobio Moreno, quien nuevamente fue herido con una certera bala de máuser que le destrozó la espina dorsal. Cenobio Moreno comprende lo irremediable de la derrota. Con muy pocas municiones y estando herido de muerte, ordena que se vayan a los pocos soldados revolucionarios que le quedaban. Ellos no quieren dejarlo solo; prefieren morir a su lado. Más Cenobio Moreno les ordena nuevamente que cumplan con el mandato y sigan la lucha. Se descuelgan entonces por el desfiladero del “escorpión” y se pierden de vista.
Cenobio Moreno se quedó entonces solo, atrás de una piedra, desangrándose lentamente. Continuó, sin embargo, disparando a todo aquel que se le acercaba, haciéndole morder el polvo... ¡era un gran tirador!. No admite la muerte a manos de sus contrarios y se da un balazo en la cabeza con el último cartucho de su pistola 44 especial. ¡había dicho que daría su vida en la lucha y así fue! Contando con cuarenta años de edad, muere en el pleno vigor de su vida, ofrendada con decisión y heroísmo por los ideales de la revolución social mexicana.
No se atrevía Octavio de la Peña a tocar el cuerpo de Cenobio Moreno. Se registra que por un buen rato lo estuvo contemplando... Finalmente, y atravesado en un macho, lo conduce a Parácuaro. Al entrar al pueblo, un clarín federal emitía tristes sonidos anunciando su muerte... Su cadáver fue colocado en el suelo, a medio portal del ayuntamiento. Se congregó allí mucha gente. Las mujeres lo lloraban, pero fueron reprendidas por un familiar de Cenobio Moreno, Camilo Bucio, quien les dijo: “hasta aquí llegó el famoso tigre de tierra caliente; ya se les acabó su dios”; las retiró con groseras palabras y aún tuvo el atrevimiento de profanar su cuerpo, pateándole la cabeza.
Como Octavio de la Peña era prefecto político de Apatzingán, se llevó luego a esa población el cuerpo de Cenobio Moreno, para mostrarlo como preciado trofeo de su feroz campaña contra los hombres revolucionarios; allí lo mandó entonces colocar en una especie de cruz, con los pies y los brazos amarrados al grueso tronco de un tamarindo que daba al frente de la cárcel. Este triste y lamentable espectáculo duró aproximadamente cinco horas, “amenizado” por la música que tocaba la banda de Apatzingán; habiendo sido pagada ésta por los donativos que Octavio de la Peña y sus federales solicitaban a la gente ahí concurrida.
Después de reiteradas peticiones, Bonifacio, hermano de Cenobio Moreno, logró recuperar el cadáver; fue velado en la casa de Nicolasa Bautista, esposa del caudillo muerto. Lo sepultaron también allí mismo, en el cementerio de Apatzingán.
A la muerte de Cenobio Moreno, su hermano Bonifacio encabezó la gente armada, por decisión unánime de los soldados revolucionarios de Cenobio Moreno que le sobrevivieron, así como otros nuevos y valiosos elementos que se le unieron. Entre todos ellos se destacan: Daniel e Isauro Pacheco, Rafael y Salvador Alvarado, Jesús Barajas, José Ma. Tafolla, Trinidad Espinoza, Santos Ramírez, Secundino Ramírez, Cirilo Olivares, Graciano Álvarez, Rafael Márquez, Antonio Alcalá, Ignacio Zamora, Agustín e Ignacio Álvarez, Jesús Zamora, Arcadio y Miguel Chacón, entre otros como el Sr. Apolinar, quien personalmente y en la misma población de Parácuaro, dio muerte a Camilo Bucio, aquel que se atrevió a “patear” el cadáver del coronel. Bonifacio Moreno Bucio luchó ferozmente y logró sobrevivir hasta el triunfo de la revolución; en 1930 murió por causa grave de enfermedad en la ciudad de Uruapan, ostentando para entonces el grado de general.
Por gestiones de la familia Moreno, entre los años de 1946 a 1948 y con motivo de la construcción del mercado municipal de Apatzingán en los terrenos que albergaban el cementerio, los restos de Cenobio Moreno fueron trasladados a Parácuaro y colocados en un parque infantil, en donde actualmente se ubica una escuela de educación preescolar.
El 20 de noviembre de 1965, por gestiones también de la familia Moreno, los restos de Cenobio Moreno fueron nuevamente trasladados y depositados en un monumento erigido en su honor. La estatua, en cantera rosa, con su pedestal del mismo material, fue donada por el sr. Rafael Béjar Zamora. La placa de bronce fue obsequiada por la Comisión del Balsas, ostentando la siguiente inscripción:
“Coronel Cenobio Moreno Bucio. Nació en Parácuaro el día 30 de octubre de 1873. Al conocer los asesinatos de los C.C. Presidente y Vicepresidente de la República Don Francisco I. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez se lanzó a la Revolución el 25 de octubre de 1913 y perdió la vida en el combate librado el 23 de diciembre de 1913 en Quinceo de esta municipalidad. Se distinguió por su espíritu cívico, su valor personal y honestidad de sus tropas. El pueblo de su lugar natal le dedica este homenaje”. Promotor: Rafael Béjar Zamora. Escultor: Francisco Moreno.
En la víspera de ese memorable 20 de noviembre, sus restos fueron velados en el ayuntamiento de Parácuaro. Le acompañaron e hicieron guardia de honor varios de sus exsoldados, integrantes de la familia Moreno, autoridades municipales, y destacadas personalidades civiles y militares.
El acto oficial, por demás solemne y majestuoso, fue presidido por el expresidente de la república, general Don Lázaro Cárdenas del Río, general Félix Ireta, Lic. J. Jesús Romero Flores, Rafael Béjar Zamora, familia Moreno, autoridades municipales y estatales, autoridades militares, un numeroso grupo de la defensa rural, exsoldados de Cenobio Moreno, líderes ejidales, campesinos, y 500 elementos armados del ejército mexicano.
El senador y constituyente mexicano Lic. J. Jesús Romero Flores, dio lectura desde la tribuna municipal al notable documento del levantamiento de armas, que se conserva como reliquia histórica en el archivo municipal. El discurso oficial por parte de la familia Moreno, emotivo e inolvidable, corrió a cargo de Graciela Moreno Soto, sobrina-nieta de Cenobio Moreno. La ceremonia fue amenizada por la famosa orquesta de los hermanos Hernández pacheco, originarios también de Parácuaro.
También, en este emotivo acto cívico, participó con un brillante discurso, el sr. J. Encarnación Barajas Magallón, sobrino directo del Sr. Antonio Barajas.
Se han escrito varios corridos en honor a Cenobio Moreno Bucio. Se tiene conocimiento de al menos cuatro de ellos:
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El primero se cantó en toda la región entre los años de 1915 y 1916.
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El segundo fue inspiración de la señora Conchita Michel, dado a conocer en las festividades cívicas de Parácuaro el 20 de noviembre de 1948.
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El tercero fue escrito por el poeta, compositor y escultor Venancio Roque Escobedo, dado a conocer en la ceremonia del depósito de sus restos en el monumento erigido en honor del héroe, el 20 de noviembre de 1967; fue interpretado por el famoso dueto “Las Michoacanas”. A continuación, se cita su transcripción literal.
CORRIDO DE DON CENOBIO MORENO BUCIO
(Letra y música de Venancio Roque Escobedo, 1967)
Aquí vamos a cantar
con gusto del mero bueno
para más estimular
a Don Cenobio Moreno.
Cenobio Moreno Bucio
Parácuaro no te olvida
aunque la muerte se opuso
a que gozaras tu vida
A Don Francisco I. Madero
mucho mucho le apreció
porque siempre fue sincero
y a los traidores odió.
En Quinceo lo mataron
con grado de Coronel
también las balas cegaron
otras vidas junto a Él.
Dijo Cenobio Moreno
cuando estaba agonizando
Bonifacio también es bueno
para que los siga guiando.
Bonifacio al contestar
ya con el rifle en la mano
muy caro les va a costar
lo que hicieron con mi hermano.
La muerte lo sorprendió
el mil novecientos trece
su vida se exterminó
pero su nombre florece.
Aquí se acaba el corrido
de un hombre justo y sereno
Paracuarense muy querido
fue Don Cenobio Moreno.
El cuarto corrido más conocido, fue escrito por el bohemio compositor José Bolaños. Dado a conocer en las festividades cívicas de Parácuaro, el 20 de noviembre de 1985, fue interpretado por el señor Javier Moreno Soto, sobrino-nieto de Cenobio Moreno. A continuación, se presenta su transcripción literal.
CORRIDO AL TENIENTE-CORONEL CENOBIO MORENO BUCIO
(Letra y música de José Bolaños,1968)
En Parácuaro señores
nació un revolucionario
toda la región lo sabe
que era un hombre temerario.
Decía Victoriano Huerta
viva el supremo gobierno
vengo en busca de un rebelde
que es el Coronel Moreno.
Las gentes le contestaban
Cenobio anda por la sierra
no lo busques Victoriano
porque te hace tragar tierra.
Cenobio mandó decirle
doy mi vida por Madero
si tienes muchos calzones
en el Plan aquí te espero.
El pedregal de Quinceo
luce cruz de casahuate
señalando aquel lugar
que fue su último combate.
Un batallón gobiernista
fue el que lo pudo cercar
Cenobio se defendía
sin dejar de disparar.
En la pierna le pegaron
Cenobio no pudo andar
El general les gritaba:
¡no lo dejen escapar!
Los soldados se acercaron
donde él estaba tirado
atraviésenlo en un macho
y llévenselo pa’l juzgado.
Cenobio les contestó
no matarán un valiente
y con su mesma pistola
se metió un tiro en la frente.
Misa de cuerpo presente
en el Templo de María
murió Cenobio Moreno
por la causa que él quería.
Vuela, vuela palomita
ve y párate allá en el trueno
y cántales el corrido
de mi Coronel Moreno.
Como un homenaje a la trayectoria revolucionaria de Cenobio Moreno, se tiene conocimiento de que llevan su nombre: una calle en la propia Villa de Parácuaro; “colonias Cenobio Moreno”, población al poniente de la ciudad de Apatzingán y en donde también se localiza un busto en su honor; de igual manera, una calle en la ciudad de Uruapan; una calle más en Morelia, ciudad capital del estado libre y soberano de Michoacán de Ocampo; así como una escuela de educación preescolar en la población de Úspero del Municipio de Parácuaro.
FUENTES DE INFORMACIÓN
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Datos obtenidos por testigos presenciales, recortes de periódicos de la época, Familia Moreno, Presidencia municipal de Parácuaro.
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VELA González Francisco. “DIARIO DE LA REVOLUCIÓN”. Tomo 1. Editado por el Patronato Universitario de Nuevo León. Monterrey, Nuevo león, México, 1913. PÁGINAS 155-156.
COMPILACIÓN: ALMA GLAFIRA MORENO SOTO

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