CABELLO DE ELOTE

El trueno del rio Márquez

Tengo la sospecha de que muy pocos michoacanos sabemos de la existencia de la novela Cabello de elote, del novelista y escritor de famosos guiones de la época dorada del cine mexicano Mauricio Magdaleno (1906-1986). También dudo que los michoacanos sepamos mucho de la historia de la Tierra Caliente, en particular de la época en que tuvo lugar la gesta del colono italiano Dante Cusi e hijos, quienes gracias a su ingenio y visión construyeron entre los últimos años del siglo 19 y los primeros del 20, aguas abajo del Río Cupatitzio, impresionantes obras de infraestructura hidráulica que les permitieron abrir a la agricultura de riego varias decenas de miles de hectáreas del valle terracalentense; tierras que según Ezio Cusi habían quedado intocadas por el hombre desde tiempos de la Creación (Memorias de un colono, 1955).

 

Dicha sospecha se funda en diversas razones que no son fáciles de refutar: la poca afición a la lectura, que compartimos en general los mexicanos; la escasa difusión de la literatura, que impide conocer a los principales autores nacionales; la falta de sistematización de nuestra historia regional y local, y cuando la hay, su escasa divulgación fuera de los ámbitos académicos.

¿Por qué los michoacanos tendríamos que conocer la novela Cabello de elote, de Mauricio Magdaleno? Porque sitúa su trama en un episodio que tuvo lugar en la Tierra Caliente, teniendo como contexto el hecho histórico de la expropiación de las haciendas de Lombardía y Nueva Italia, las más grandes (60 mil hectáreas), modernas y productivas de Michoacán, propiedad de los Cusi, llevada a cabo por el general Lázaro Cárdenas en 1938, para convertirlas en ejidos colectivos. Leer esta novela es conocer un poco la historia regional de Michoacán en el contexto nacional del programa de expropiaciones en la administración del presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río.

Fue hasta 1986 cuando yo supe de la existencia de Cabello de elote, gracias a don Othón Lara Barba (qpd), quien era amigo del escritor Mauricio Magdaleno. Leí con avidez la novela y confieso que me emocionó ver que mi pueblo, Parácuaro, fuera un personaje importante en la novela; igual me emocionó reconocer la ambientación social, el clima y el lenguaje que había logrado captar el autor; incluso casi me llevó a reconocer personajes o prototipos humanos en los tiempos que después viví.

Me nació de inmediato la curiosidad por conocer a don Mauricio Magdaleno. Logré hablar con él por teléfono y le hice saber en primer término que era oriundo de Parácuaro, el pueblo-escenario de Cabello de elote, y que había quedado impresionado por la forma como había conseguido trasladar a la escritura la atmósfera del pueblo y que lo felicitaba, y que tenía un gran interés en que un día me permitiera entrevistarlo y platicar acerca de cómo se gestó y luego elaboró la novela. Don Mauricio me atendió y escuchó con mucha amabilidad, pese a sus 80 años de edad; a reserva de platicarlo luego, me adelantó que había vivido en Parácuaro una de las temporadas más felices de su vida, y que por supuesto cuando yo quisiera me podría recibir para platicar de cómo procesó y armó la novela.

Cuando colgué el teléfono estaba emocionado y pensé que tenía que prepararme bien para hacer una buena entrevista; me puse a releer Cabello de elote y tomé notas. También leí algo sobre don Mauricio Magdaleno y supe que antes había sido autor de las novelas La tierra grande, El resplandor, y otras; y que había escrito argumentos de muchas de las más importantes películas de la época de oro del cine mexicano, como Flor Silvestre, María Candelaria, Bugambilia, Río Escondido, Maclovia, Pueblerina y muchas más. Saber todo eso hacía que me pusiera nervioso y que pospusiera la fecha en que me declarara listo y buscara la cita. Pero don Mauricio no me tuvo paciencia y se nos fue de este mundo ese mismo año de 1986.

Me había quedado sin saber cómo y por qué don Mauricio se conectó con el tema y con el lugar de los hechos. ¿Era amigo del presidente Cárdenas o de alguien de su gabinete que lo invitó a tratar el tema de la expropiación de las haciendas de los Cusi? ¿En qué año estuvo en Parácuaro, y por cuánto tiempo, tomando nota y ambientándose? ¿Con qué familia se alojó? ¿O fueron los Cusi quienes lo conectaron? Recuerdo que Ezio Cusi en Memorias de un colono reconoce que el general Cárdenas había estado posponiendo la expropiación de sus haciendas, tal vez como una forma de reconocimiento del trabajo que ellos habían realizado para hacer florecer la Tierra Caliente, y que por lo visto ya no podía postergar por más tiempo la política que había estado llevando a la práctica en otros estados de la República.

Por otra parte, es notable la deferencia y respeto con que Mauricio Magdaleno trata a don Dante Cusi en la novela, siempre de la mano de otro personaje que permea a toda la obra: el río del Marquez, el que aguas arriba es río Cupatitzio (río que canta), personaje que intermitentemente se hace presente en el trueno que sube desde la profunda barranca. (Mi abuelo nunca se cansó de alabar la personalidad y la obra de don Dante). A propósito, no he hecho referencia a la trama de la novela, que cuenta con los ingredientes para dejarse leer de un jalón. Podría ser el argumento de la película que a don Mauricio Magdaleno se le olvidó convertir en guión de cine. (Cabello de elote, segunda edición, México, Editorial Porrúa, 1986. 253 pp. Colección de Escritores Mexicanos, num. 85).

Daniel Márquez Melgoza / La Jornada Michoacan