POEMAS

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Camelinas de Parácuaro

SOLAMENTE LA LIBERTAD

Benito Aguilar Carrillo

Firme ante el espejo que me hace y refleja
en una mar de reflejos.
Sofisticada idea, colosal fracaso.
¿Qué extiendes? ¿Qué avientas que mi mano recoge?
Casiopea es tu cara, Perseo tu figura, ideal de mi simiente.
¿Qué ves? ¿Que soy espejo?
¿Qué a mi mirada tú escondes?
Ni mi talle, no mi rostro a tu crear interese.

Soñar, soñar ese sueño que aún me es algo…

Y continúo haciendo esto.
A veces me detengo para encontrarme vacío
y llenarme el ser de emociones que me pesan
y me llevan a escapar hacia donde
puedo seguir haciendo esto.

¿Qué más hay que me hace yo mismo?
¿Qué consolación, qué sexo, qué verso?
¿Qué hora? ¿En qué momento?
¡Yo parto!

Si pudiera ver, vería más allá.
Si pudiera tocar, tocaría tus partes purulentas.
Si pudiera oler, olería el universo.
Más sólo puedo creer que bebo,
que aúllo y mastico tus adentros.

Quiero hacer el bien.
Quiero un solo camino y en él tropezar.
Y será mi propio tropiezo
el que me permita andar sin miedo,
sin ignorancia de los hechos,
sin remordimiento o pena.
Sera mi propia certeza de las cosas
Que hacen mi única vida.

Tu flama no me quema
Es como si yo fuera el viento
y al soplar a mis adentros
dispersara tu calor para cubrirlo todo.
Es una divagación, es un sin sentido.
Cual reflejo sólo se mira para sí
y se entretiene en los detalles más discretos
de la imagen, queriendo percibir
su forma intacta, inmaculada,
programada e imaginada.

¿Qué ves ahora vida?
En este preciso momento sólo siento
y no veo. Solo callo y no pronuncio.
Pues escribo para descubrir mi destino.
Pues sonrío para no decir y no mentir.

Donde quiera que yo voy
Me sigue el alma que yo vendo.
Quisiera detenerte ¡oh vida!
Pero me arrastras más allá de mis impulsos.

Descubro que…
la soledad es la lenta agonía del ser.