El actual municipio de Parácuaro se localiza al suroeste del Estado de Michoacán, entre los municipios de Tancítaro y Nuevo Parangaricutiro, pero de igual manera colinda con Gabriel Zamora y Múgica por el Este, y con Apatzingán hacia el Suroeste. Fue tenencia de Apatzingán hasta 1861, cuando fue constituida como municipio y su cabecera denominada Villa de Parácuaro de Morelos. Fisiográfica y culturalmente pertenece a la cuenca del Tepalcatepec, que a su vez forma parte de la depresión del río Balsas.
La historia de esta entidad por lo tanto es común en cierto modo al resto de las poblaciones que ahora se alojan en dicha cuenca, como parte del occidente. Sin embargo dicho occidente de México (de Mesoamérica) tampoco es una región cultural que se haya estudiado tanto; por lo que no se puede pensar que estas zonas dentro del Estado de Michoacán, sean muy conocidas en su historia antigua, la arqueológica; máxime cuando particularmente se han privilegiado más los sitios en torno a la laguna de Pátzcuaro. De manera que si nos referimos a territorios como la Cuenca del río Tepalcatepec, o más aún, sólo al municipio de Parácuaro, pues entonces no se puede esperar que exista abundante información sobre aquellos períodos clave dentro de la evolución histórica local. Eso a pesar de que Parácuaro para sus habitantes sea una zona bien conocida, reconocida y transitada, con vivencias tan peculiares y particulares, las cuales a veces se salen del mosaico mayor que es la Tierra Caliente michoacana.[2]
A ultimas fechas concluyó la primera etapa de estudios multidisciplinarios de tal cuenca, fue una fase que arrojó el conocimiento y registro de más de un centenar de sitios arqueológicos, así como de varias colecciones de objetos diversos, los cuales de diferentes maneras llegaron a parar en manos de particulares, hasta quedar convertidas en importantes acervos de piezas aisladas.[3] Esta circunstancia puso al descubierto una riqueza cultural importante, aunque al mismo tiempo reveló la impresionante destrucción del patrimonio en manos de saqueadores y coleccionistas de mercado. De manera que si por un lado ahora se cuenta ya con los registros oficiales de dichas colecciones, por el otro se ha evidenciado la perdida irremediable de la información arqueológica vinculada con los objetos, toda vez que los contextos culturales fueron destruidos para siempre.
De lo que se ha podido entrever con esos estudios mencionados, es la importancia regional de por lo menos dos grupos culturales, que compitieron por el dominio de estas tierras. Grupos nahua y purépecha están representados entre las colecciones arqueológicas. En Parácuaro se han detectado al menos tres de esas colecciones, aunque sólo se ha podido tener acceso a una, sobre la cual se apoyará este proyecto de difusión: “El museo virtual”, que permitirá ir dando a conocer los objetos más notorios y característicos de la región, aunque sin mayor información que la que proporcionan los objetos mismos.
Los materiales más representados en el común de la cuenca y en este municipio, son los hechos en barro, con diferentes formas y decorados, si bien en muchos casos se desconoce su función. Al barro le siguen las piezas hechas en piedra tallada y pulida, después la obsidiana o vidrio volcánico, la concha marina (la presencia del mar), el hueso humano y animal, así como los metales, principalmente el cobre. Este último material tuvo gran importancia entre los grupos de toda Mesoamérica, y no se puede soslayar que dicho mineral pudo haber logrado el auge de los pueblos asentados aquí. Se ha podido demostrar que la metalurgia surgió en el occidente hacia 700-800 años de nuestra era, y pudo haberse desarrollado gracias a la tecnología aprendida desde Sudamérica; con todo son innegables los yacimientos y su explotación local.[4]
No cabe duda que los manantiales localizados en Parácuaro, fueron un atractivo y una facilidad más para los pobladores de estas tierras. La altura y la posibilidad e otear en el horizonte, les debió permitir la comunicación con las diversas caravanas de mercaderes encargados de llevar y traer productos desde diferentes regiones. La cronología manifiesta en estos objetos, señala dos horizontes culturales significativos, que en el argot arqueológico se les denomina el Posclásico Temprano y Posclásico Tardío, a partir del siglo VII hasta la llegada de los europeos.
La idea de esta página es, por lo tanto, la de promover la difusión de los conocimientos que sobre la arqueología local se obtengan, con un llamado de atención a la ciudadanía terracalenteña para que denuncien cualquier hallazgo y eviten que esta información se pierda y los objetos salgan del país. Mes con mes daremos a conocer una pieza en especial, con la información que se cuenta. Es de esperarse que el municipio llegue a convencer a su gente de evitar dichas “exploraciones arqueológicas” de aficionados, denunciar los saqueos y, más bien, propugnar por la construcción de un museo real que les permita a todos sus habitantes disfrutar de un patrimonio que es de todos.
[1]- Información proporcionada por el profesor Ismael García Marcelino, de Ihuatzio.
[2]- Con el nombre de “Proyecto de la Cuenca del Tepalcatepec” se dio cabida a la participación de diferentes investigadores de distintas instituciones, entre ellas El Colegio de Michoacán, el INAH, la Universidad Nicolaita, la UNAM y la Universidad Veracruzana, entre otras. En fechas próximas y bajo el sello editorial del COLMICH, saldrá el libro resumen de estos trabajos.
[3]- Registros elaborados en el marco del Programa permanente de registro y
actualización de colecciones de piezas arqueológicas, de la Dirección de
Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos del INAH (Av.
Victoria 110, Col. Copilco el Bajo, Del. Coyoacán, México D.F.)./***
[4]- HOSLER, Dorothy. “Arqueología y metalurgia en el Occidente de México”. En: El bronce mesoamericano: orígenes, desarrollo y difusión. Ávila Palafox (coord.), Transformaciones mayores en el Occidente de México: 115-125. Universidad de Guadalajara, México. 1994-a
“La metalurgia prehispánica del occidente de México: una cronología tecnológica”. En: Arqueología del Occidente de México pp. 237-295. Eduardo Williams y Robert Novella (coords.) El Colegio de Michoacán A. C., Zamora, Michoacán, México. 1994-b
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